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EPAFRODITO, EL ATRACTIVO

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“Pero me pareció necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de milicia, a quien vosotros enviasteis a ministrar para mis necesidades" (Filipenses 2:25).

Pablo estaba preso en Roma cuando escribió la carta a los Filipenses y a los Colosenses. La iglesia de Filipos había enviado regalos y ofrendas para Pablo por mano de Epafrodito. Este fue el mensajero de la iglesia de Filipos y el ministrador de las necesidades de Pablo. Era un nombre común en griego y en latín que significa "atractivo”, “fascinante”, “encantador", derivado del nombre de la diosa griega Afrodita.

Sin embargo, en Roma él se enfermó con riesgo de muerte. Esto entristeció a Pablo y preocupó a los filipenses. Pablo se los envió de nuevo elogiando el gran deseo que tenía de reencontrase con ellos (Fil. 2:26-28).

El apóstol se refirió a él usando el posesivo “mi hermano". Y no solo eso. Además, era un colaborador y un compañero de milicia. Como hermanos, compartían la fe y la comunión; como colaboradores, compartían la misión y su progreso; y como compañeros de milicia, compartían las luchas de la vida y del ministerio.

Epafrodito era equilibrado en su fe y no se ocupaba solo en la comunión, sino también en el progreso del evangelio, aun en medio de las luchas; como Nehemías, que reedificó los muros de Jerusalén con su espada en una mano y la herramienta en la otra. No se puede edificar con una espada ni pelear con la herramienta. Se necesitan ambas para llevar a cabo la obra del Señor.

Epafrodito estaba interesado en los demás. Él se preocupó por Pablo cuando oyó que estaba prisionero en Roma, y se ofreció para hacer ese viaje largo y peligroso, para ayudarlo y animarlo. Él llevó la ofrenda de amor de la iglesia, protegiéndola con su vida. Es decir, no se conformó con dar una ofrenda: él mismo viajo para ofrendarse a la misión.

Luego de estar con Pablo, pensó en su iglesia y allí regresó para seguir cumpliendo la misión.

Se cuenta que un día iban a ordenar al ministerio a un joven pastor. Antes de ese emotivo acto, su padre, que era pastor, le dio tres consejos: Vive todos los días cerca de Dios, vive todos los días cerca de la gente; y vive de tal manera que Dios sea atractivo para la gente y la gente sea atraída a Dios.

Epafrodito fue una bendición para Pablo, para su iglesia y para nosotros. Quien es atraído por Cristo se vuelve atractivo para los demás.

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