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¡QUÉ VENGA JESÚS ESTA TARDE!

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“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero" (1 Tesalonicenses 4:16).

Graciela era parte de nuestro equipo de evangelización. Trabajaba como dedicada y eficiente instructora bíblica, apasionada por la salvación de las personas y el regreso de Jesús. Un día, su padre descansó en el Señor. Ella misma tuvo que explicar como mamá, a su hijo de cinco años, sobre la muerte de su abuelo. Lo hizo así: “El abuelo se durmió. Lo vamos a poner en una caja y lo guardaremos en el jardín”. Enseguida, el niño preguntó: “Y ¿cuándo se va a despertar?” Tragando saliva, Graciela contestó: "Se va a despertar cuando Jesús venga". Entusiasmado, el niño gritó: “Entonces voy a orar para que Jesús venga esta tarde”.

Y tú, ¿estás orando para que Jesús venga esta tarde? ¿Te estás preparando? ¿Estás preparando a otros al trabajar por el pronto regreso de Jesús?

La vida aquí está envuelta en lágrimas. Todos los días las derramamos. A veces, son visibles. Otras, son disimuladas. Sin duda, las lágrimas más pesadas son la derramadas por la pérdida de un ser que amamos.

Recuerdo el primer sepelio que tuve que realizar como pastor. Una madre estaba llorando por la prematura muerte de su hijo de 32 años. Ella me preguntó si tenía que sepultar a su hijo con zapatos con taco de goma. Nunca había escuchado una pregunta así. En medio de su dolor, y con respeto, pregunté por qué. Me dijo: “Para que cuando el alma se levante a penar pueda caminar en silencio; de esa manera, el diablo no lo molestaría”. Con cariño le explique el mensaje bíblico del descanso inconsciente de los que mueren hasta la mañana de la resurrección.

El enemigo ha mezclado tanto la verdad con la mentira, para generar más confusión e independencia de Dios. Varias veces fui al cementerio por familiares, hermanos en la fe, amigos muy queridos, e incluso por incrédulos. En todos hay llanto, pero el llanto del creyente es diferente. Los muertos en Cristo resucitarán primero, afirmó Pablo (1 Tes. 4:16). El que cree en mí, aunque este muerto vivirá, sostuvo Jesús (Juan 11:25).

“¡Oh, cuán glorioso será verlo y recibir la bienvenida como sus redimidos! Largo tiempo hemos aguardado; pero nuestra esperanza no debe debilitarse. Si tan solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos bienaventurados para siempre” (Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 3, p. 257).

¡Vivamos como para que el Señor venga esta tarde!

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