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CREER, RETENER Y VIVIR

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“Así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra o por carta nuestra. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra" (2 Tesalonicenses 2:15-17).

El Pr. Mark Finley cuenta que ciertos investigadores, en los Estados Unidos, estudiaban el sistema nervioso central queriendo descubrir cuánta presión era capaz de soportar un individuo. En el experimento, colocaron un cordero en un corral con doce puntos de alimentación. En todos había un estímulo eléctrico. Cuando el cordero comía, los investigadores le dieron un golpe eléctrico. El cordero retrocedió, salió corriendo y nunca más regresó donde había sido golpeado. Ellos continuaron el experimento, dando golpes eléctricos en todos los puntos de alimentación hasta que el cordero, temblando, cayó muerto producto de la tensión nerviosa.

Luego, los investigadores pusieron al gemelo de este cordero en el mismo corral, pero junto con su madre. Cuando aquel estaba comiendo, los investigadores le dieron un golpe eléctrico. Inmediatamente el cordero corrió y se acurrucó con su madre. Para asombro de los investigadores, después de unos minutos, el corderito volvió al punto de alimentación donde se le había dado el golpe eléctrico. Los investigadores nuevamente hicieron lo mismo. En ese momento, el cordero simplemente miró a su madre y siguió comiendo.

¿Cómo refugiarnos permanentemente en “nuestro Cordero" para enfrentar las descargas eléctricas del enemigo que buscan nuestro agotamiento y nuestra muerte? Toma nota.

1-Creer en la Palabra. Dios ama a todos, pero ese amor se hace válido en los que creen. Dios elige, pero es necesario que aceptemos. Dios llama, pero es necesario que abramos. El enemigo seduce e impone, Dios ofrece y ruega.

2-Retener la Palabra. Pablo anticipó una rebelión futura contra la verdad. Esta debería ser retenida, guardada y custodiada. Las mentiras del enemigo se contraponen a la verdad de la Palabra. Bien decía Martín Lutero: "La paz, si es posible; pero la verdad, a cualquier precio”, pues “mantener la verdad de Cristo en la iglesia es más importante que mantener la paz” (J. C. Ryle).

3-Vivir la Palabra. No alcanza con creer y guardar. Hay que vivir la Palabra y aplicarla a diario. Decir que creemos y retenemos, pero no vivimos es hipocresía. Es como alguien dijo una vez: “Prefiero convivir con un ateo humanista honesto que convivir con un religioso hipócrita”.

Solo “acurrucados en el Cordero" podemos creer, retener y vivir la verdad; y solo creyendo, reteniendo y viviendo la verdad podremos, en breve, pasar de este corral de pecado al redil definitivo del Señor.

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