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EXPEDICIÓN DE SUMO RIESGO

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“A Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor" (1 Timoteo 1:2).

El nombre Timoteo significa “alguien que reverencia, honra, adora a Dios". Fue un hijo espiritual, asistente, compañero y discípulo de Pablo. Se convirtió junto a su familia en la primera visita de Pablo a Listra y formó parte del segundo viaje misionero de Pablo. Hijo de madre judía y de padre griego, fue instruido desde pequeño en las cosas de Cristo. Un buen tiempo acompañó a Pablo en las travesías misioneras hasta que fue enviado solo a atender los desafíos de la creciente iglesia.

Timoteo tenía algunos problemas físicos, cierta inconstancia, y había quienes menoscababan su juventud e inexperiencia. Éfeso no era el mejor lugar para pastorear. La ciudad era idólatra, entregada a la diosa Diana, patrona del deseo sexual. Además, Pablo había estado en Éfeso por tres años y realizado una gran obra. Por lo tanto, no era fácil sucederlo. Entonces, le escribe a Timoteo para animarlo y guiarlo en la conducción de la iglesia.

Elena de White nos clarifica: “El verdadero ministro de Dios no rehúye los trabajos pesados ni las responsabilidades. De la Fuente que nunca falla para los que sinceramente buscan el poder divino, saca fuerza que lo capacita para afrontar las tentaciones, sobreponerse a ellas y cumplir los deberes que Dios le impone [...]. Su alma se desvive para realizar un servicio aceptable para su Maestro" (Los hechos de los apóstoles, p. 399).

El siguiente anuncio apareció en un periódico londinense: "Se solicitan hombres para una expedición arriesgada; poco salario, frío intenso, largos meses en completa oscuridad y peligro constante. No se garantiza el regreso. Honra y fama en caso de éxito”. Lo publicó el notable explorador ártico Sir Ernest Shackleton. ¡Y miles de hombres concurrieron!

Si el Señor Jesucristo o Pablo pusieran un aviso clasificado solicitando obreros, ¿qué dirían? “Se buscan misioneros de tiempo completo o parcial para terminar la obra del Señor. Puede encontrarse con indiferencias, oposición, persecución, cárcel, ataques constantes de un enemigo invisible; incluso el martirio. Puede ser que los frutos no sean visibles y la recompensa será contra entrega del producto terminado frente al río de la vida”.

¿Cuál sería nuestra respuesta a este desafío?

Si miles respondieron a la invitación del explorador del Ártico, miles pueden responder a la invitación del Explorador del Universo para la última y arriesgada expedición del mayor rescate de la historia.

Alto es el precio de la demanda. Incalculable es el valor de la recompensa.

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