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“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra" (Tito 3:1).

En el último capítulo de esta breve carta a Tito, el apóstol Pablo plantea cómo seguir la voluntad de Dios, así como también advertencias paraevitar discusiones y divisiones, y su apoyo a los misioneros. Dios espera que su voluntad se vea reflejada en la vida obediente de sus hijos y que estos se traten tal como sus hijos, con bondad y amabilidad. Pablo nos recuerda nuestro pasado pecaminoso como desobedientes, pero gracias a la bondad de Dios, la encarnación de Cristo, la obra del Espíritu Santo, fuimos lavados de nuestros pecados, justificados y transformados para una vida nueva y a una herencia eterna.

Seguidamente advierte que estemos en alerta sobre asuntos controvertidos: Tito no debe involucrarse en discusiones innecesarias o inútiles.

Finalmente, Pablo termina su carta refiriéndose y saludando a cuatro de sus colaboradores y le pide a Tito que apoye los viajes misioneros de aquellos que están involucrados en la predicación del evangelio.

La actitud de Pablo de dar consejos sobre temas importantes y otros aparentemente simples es un gran ejemplo para todos nosotros. Con eso aprendemos que la iglesia es un lugar donde todos los detalles merecen nuestra atención, y donde todas las personas necesitan ser cuidadas y potenciadas. Se trata de un cuidado que alimenta, refrigera y las conduce a llevar muchos frutos.

El Vale do São Francisco, Brasil, tiene unos 25 años de vida. La innovación y la tecnología buscan mejorar la producción de ciertas frutas. El clima no favorece porque es seco y cálido. Sin embargo, las vides producen uvas tres veces al año. Es el único lugar del planeta donde esto sucede. No se trata de un milagro de multiplicación, sino del milagro de la irrigación. Controlando el agua se controla el ciclo de vida. A pesar de que la región presenta restricciones hídricas y suelo semiárido, hay cultivo de esta fruta todo el año.

De la misma manera, si el corazón del creyente es adecuadamente irrigado, desarrollamos vidas más felices, más fieles y más fructíferas. “La vida de Cristo en vosotros produce los mismos frutos que en él. Viviendo en Cristo, adhiriéndoos a Cristo, sostenidos por Cristo, recibiendo alimento de Cristo, lleváis fruto según la semejanza de Cristo” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 631).

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