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PERFECCIONADO POR EL SUFRIMIENTO

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"Convenía a aquel por cuya causa existen todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten que, habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionara por medio de las aflicciones al autor de la salvación de ellos" (Hebreos 2:10).

Cristo es presentado como verdaderamente Dios, en el capítulo 1 de Hebreos; y como verdaderamente hombre, en el capítulo 2.

Cristo era infinitamente superior a los ángeles. Cuando se hizo hombre, voluntariamente ocupó su lugar entre los hombres; sin dejar de ser Dios y no usando nunca su divinidad en beneficio propio. Si lo hubiese hecho, habría invalidado su obra.

Era un Cordero sin mancha, ya que no había imperfección en él. No había nada que perfeccionar porque era perfecto. Ese sufrimiento era la preparación de nuestro Señor para su ministerio sacerdotal de ser como nosotros, a fin de representarnos ante el Padre como Mediador. No se enfermó de pecado por uso o abuso; se enfermó de pecado porque asumió nuestra carga de pecado.

Diferente es el sufrimiento como medio de corrección enfocado con una finalidad disciplinaria: la de producir justicia y santidad en nosotros. Existe también el sufrimiento como retribución, como la exigencia de la Ley de Dios, tan inamovible como cualquier otra de las leyes de la naturaleza.

Fue el primer sufrimiento por asumir nuestra naturaleza y nuestra carga de pecado, enfrentando las tentaciones. Cristo es el Autor, Fundador, Guía y Príncipe de nuestra salvación, títulos que se asignaban también a los héroes. Por eso, algunos lo llaman el Pionero, porque hizo posible que los pecadores sean llevados a la gloria de Dios. No obstante, Cristo es mucho más que un pionero: él es el Salvador, y los que lo siguen son los redimidos.

Elena de White lo resume así: “Nuestro Redentor no manifestó las imperfecciones ni las debilidades humanas; pero murió a fin de obtener nuestro derecho a entrar en la Tierra Prometida" (Patriarcas y profetas, p. 512). Y agrega: “El Capitán de nuestra salvación fue perfeccionado mediante el sufrimiento, y de este modo fue hecho idóneo para ayudar al hombre caído exactamente en lo que necesitaba ayuda” (Exaltad a Jesús, p. 27).

El sufrimiento de Cristo no es el resultado de un acto correctivo disciplinario. Tampoco es consecuencia de un hecho retributivo de justicia. El sufrimiento de Cristo fue porque se identificó tanto con nuestra miseria que la llevó hasta la Cruz.

Así lo explicaba Spurgeon: "No soy salvo por lo que soy o espero ser. No soy salvo por lo que siento o por lo que sé. Soy salvo por lo que Cristo es, por lo que hizo y por lo que hace por nosotros”.

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