Regresar

Los tres poderes de la mujer cristiana

Play/Pause Stop
«Ama a la sabiduría, no la abandones y ella te dará su protección». (Proverbios 4:6).

AYER HABLAMOS de la búsqueda del «poder femenino». En realidad, no podemos estar ajenas a este movimiento social; porque vivimos en sociedad y porque la mujer es un agente de cambio en todos los campos de su desempeño, sea madre, esposa, abuela, soltera o casada. Pero, no nos confundamos, el hecho de que una mujer pueda pilotar un avión, dirigir una empresa o subirse a un ring de boxeo no es lo que la hace poderosa. El verdadero poder es el que emana de Dios.

Necesitamos, pues, saber quiénes somos; la respuesta a esta pregunta abre ante nosotras una gama increíble de posibilidades. Somos creación de Dios, dotadas de inteligencia, voluntad y libertad, virtudes comunes en los hombres y las mujeres; sin embargo, el uso que hagamos de ellas determinará la clase de personas que seremos.

Las escalas que miden la inteligencia son muchas, como también lo son los expertos que se han dado a la tarea de clasificarla en categorías. Alguien dijo algo muy simple que viene al caso para esta reflexión: «La persona inteligente no es aquella que sabe mucho, sino aquella que sabe qué hacer con lo que sabe». Es a esta clase de inteligencia a la que quiero hacer referencia, y que algunos llaman inteligencia emocional.

La inteligencia emocional nos lleva a ser asertivas para aprender y conservar en la memoria el conocimiento útil para vivir bien. Tiene que ver con el discernimiento, el desarrollo de autoconciencia, el control de las emociones y, por ende, el de la conducta. Es la clase de inteligencia a la que hace referencia el sabio cuando dice: «Sabiduría, ante todo, ¡adquiere sabiduría! Sobre todo lo que posees, ¡adquiere inteligencia!» (Prov. 4:7, RV95). Equivale a tener una percepción adecuada de una misma, y una actitud de tolerancia y solidaridad hacia los demás.

Aun así, algo que parece tan simple no siempre lo es, a veces se torna complicado, sobre todo, en una sociedad donde tantas mujeres prefieren hacer lo que dice y hace la mayoría, sin filtrar la información que reciben. Las mujeres de Dios no son figuras decorativas como maniquíes en un escaparate; son «hacedoras» de vida.

Amiga, comienza tu día agradeciendo al Señor por la forma maravillosa como te creó; no permitas que tu condición de mujer te impida reconocer lo que realmente eres y puedes hacer para el fiel desempeño de tus tareas doquiera que estés.

Matutina para Android