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No necesitas parecerte a nadie

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«No me avergüenzo de ello, porque yo sé en quién he puesto mi confianza; y estoy seguro de que él tiene poder para guardar hasta aquel día lo que me ha encomendado». (2 Timoteo 1:12).

LA BÚSQUEDA de la originalidad es el desafío de muchas; ser original es tener ideas diferentes, hacer las cosas y expresarse de manera distinta.

Sin embargo, lo que hacemos a veces desmiente lo que buscamos. Basta pararse en cualquier paso peatonal para darse cuenta de que la mayoría de las personas vestimos muy similar. La originalidad se acaba cuando una moda se impone. El problema surge cuando renunciamos a nuestros valores y creencias para conseguir aprobación.

La fuerza más poderosa a vencer para los que quieren ser originales es la presión social. Es una fuerza que arrastra a asumir ideas y modos de ser, pasando por encima de la originalidad que buscamos. Es inevitable que el grupo de amigos ejerza influencia en lo que somos y se convierta en un factor determinante en nuestra forma de ser y pensar, aun sin que lo percibamos. Todos tenemos necesidad de aceptación, y de ser estimados y tomados en cuenta. Cuando esta necesidad no es satisfecha, podemos caer en la negación de lo que realmente somos, poniendo en peligro la dignidad y el libre albedrío, dos derechos dados a toda criatura por creación.

Posiblemente pienses: «La vida, las circunstancias, las costumbres, los modos de hacer las cosas cambian»; sin embargo, la Biblia dice: «La hierba se seca y la flor se marchita, pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre» (Isa. 40: 8). Los dichos de Dios son eternos y tienen como única razón de ser preservarte para la eternidad. Los «no» de Dios no son arbitrarios, mucho menos punitivos; son la salvaguarda de la vida humana. Sin ellos, estaríamos a la deriva.

Caminar por la vida con un «así dice Jehová» te pone a salvo, te brinda la seguridad de ir por el rumbo correcto. Puedes adaptar tu peinado y tu vestido a la moda, pero sin tirar por la borda lo bueno y lo santo que Dios puso en ti. Antes de aceptar propuestas ajenas, revisa tus creencias, confía en ti misma y en Dios, y sé capaz de rechazar los intentos de los demás para que hagas lo que consideras incorrecto. No desoigas la voz del Espíritu Santo, que siempre te advierte cuando estás en zona de peligro.

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