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Si te sientes bien, te ves bien – 1a parte

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«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios». (Romanos 8:38-39, RV95).

TODAS DESEAMOS SER APRECIADAS por los demás; esto nutre nuestra necesidad de pertenencia y aceptación, y nos brinda seguridad.

Este anhelo interno muchas veces está en pugna con nosotras mismas. Nuestra historia de vida, especialmente la de los primeros años, define en la mayoría de los casos la intensidad de esta pugna interna.

Durante los primeros años de vida, la mayoría de las mujeres recibimos de parte de nuestros padres una buena dotación de cariño y aceptación, lo que nos provee un sentido pleno de seguridad. Otras mujeres, sin embargo, reciben una dieta emocional tan pobre y escasa que se toman inseguras y propensas a mendigar afecto.

Como dice el refrán: «No soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo». Este dicho presenta una realidad innegable: por razones misteriosas, los seres humanos encajamos a la perfección con algunas personas; sin embargo, con otras no sucede lo mismo. Esto es parte de la convivencia humana; tenemos que aceptarlo y aprender a vivir con ello, no con resignación, sino con optimismo.

Indudablemente las personas que tienen la capacidad de llevarse bien con otros han tenido que cultivar ciertas cualidades personales y desechar ciertos conceptos falsos con respecto a ellas mismas, que posiblemente están enraizados en los primeros años de vida. Algunos de ellos son:

• Soy fea.

• Nadie me quiere.

• Mi vida es aburrida; a nadie le puede interesar.

• No soy popular; soy un ser anónimo en el universo.

• Las ideas y opiniones de los demás siempre son mejores que las mías.

• A Dios no le importo; ya se olvidó de mí.

Querida amiga, tu sentido de valor personal, en primera instancia, debe generarse en el hecho de que eres creación de Dios, fuiste creada a su imagen y semejanza. Ninguna circunstancia de tu vida, por muy aterradora que sea, puede quitarte el amor que Dios siente por ti. Él tiene suficiente poder para que, a pesar de los posibles desaciertos de tu vida, vivas en plenitud. Agradece hoy por ser lo que eres; es un buen pensamiento para comenzar este día.

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