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No te quedes en el problema; busca soluciones

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«Llámame y te responderé, y te anunciaré cosas grandes y misteriosas que tú ignoras». (Jeremías 33:3).

MIENTRAS REALIZABA un recorrido por un mercado de artesanías mexicanas, me sorprendí al ver muchas prendas femeninas de ropa y accesorios, como zapatos, bolsos, carteras y blusas, adornadas con imágenes de Frida Kahlo. Debo reconocer que compré uno que otro de esos objetos, pues mostraban gran colorido y belleza. Muchas otras personas también los adquirieron; supongo que lo hicieron más por lo hermoso de los diseños que por rendir homenaje a esta mujer, de la cual muchos sabemos muy poco. Quizá lo que más conocemos acerca de ella es que fue una pintora mexicana de renombre. La mayoría de sus obras fueron autorretratos pintados con intensos colores; sin embargo, también con reflejos de tristeza y dolor.

La tristeza y el dolor de Frida Kahlo posiblemente emanaban de los desaciertos a los que la vida la arrastro. Muy pequeña, con apenas seis años de edad, contrajo una poliomielitis que le dejó secuelas permanentes en una de sus piernas, que siempre cubría con amplias faldas largas. Aunque recuperó su capacidad de caminar, su vida estuvo marcada por el dolor extremo y el profundo sufrimiento. Aun con todo, Frida Kahlo fue una mujer exitosa. Realmente no se quedó paralizada en su pésima situación de salud, sino que encontró en la pintura una forma de expresarse y de trascender más allá de su dolor e infortunio personales. Qué lección de vida tan impresionante para nosotras.

Llorar, quejarnos y buscar culpables es lo que muchas hacemos frente a los problemas que tenemos, quedándonos emocionalmente estancadas en lo que llamamos «mala suerte». Pero la «mala suerte» no es una excusa válida para una hija de Dios. Las circunstancias adversas no pueden detener el plan magnífico que Dios tiene para ti, a menos que retardes su cumplimiento quedándote en la pasividad del desánimo y la autocompasión.

Querida amiga, si te encuentras ahora mismo atravesando un grave problema de salud física o mental, una crisis financiera, o una mala relación, no te quedes estancada en ese estado de cosas. Avanza. Muévete y busca una de las tantas soluciones que Dios tiene para tu situación. Reclama sus promesas en oración, con la convicción plena de que él las cumplirá en ti. No te quedes en el problema; quédate con el Dios ante el cual no existe problema demasiado grande.

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