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Vivir con dignidad, ¿qué significa?

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«A quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios». (Juan 1:12).

¿ALGUNA VEZ te has sentido inadecuada y avergonzada por tu actuación frente a los demás? Quizá te asombre saber que casi todas las mujeres nos hemos sentido así, seguramente más de una vez. Este sentido de fracaso y de poco valor personal es el resultado de haber caído de nuestra posición original de santidad al fango nauseabundo del pecado.

Nuestro origen fue determinado en el Cielo, pero lo olvidamos al estar inmersas en un mundo imperfecto. Nos dejamos llevar por parámetros humanos y sufrimos con vergüenza lo que nos dicen que somos. Nuestro origen nos dice que somos hechura de Dios (ver Efe. 2:10); sin embargo, muchas veces las voces que escuchamos en nuestro entorno nos dicen lo contrario, que somos fruto del azar y que es el azar el que rige nuestras vidas. No lo creas.

Recuerdo con precisión casi fotográfica un día, cuando yo tenía catorce años y alguien muy cercano hizo alusión a mis delgadas piernas, llamándolas «hilos». Ahora sé que escuchar algo así en plena adolescencia, cuando la búsqueda máxima es la identidad, puede ser devastador. En este planeta formado por seres humanos imperfectos, cosas como estas son asunto común. Escuchar a padres llamar a sus hijos «tontos», «inútiles» o «incapaces», o a esposos tildar a sus esposas de poco atractivas, faltas de iniciativa, gordas o torpes, es más frecuente de lo que pensamos, y puede dejar huellas imborrables en la personalidad de esas mujeres que, tal vez, se sientan a tu lado en el banco de la iglesia.

Es tiempo de levantar la cabeza con la fuerza de la dignidad, que es un legado de Dios a sus criaturas. Vivir dignamente no es atropellar al otro para exigir tus derechos; tampoco significa ver a los demás como enemigos a los que hay que derrotar. Es solo mirarte con los ojos de Dios y, a través de ellos, pedir lo que sabes que te corresponde, tomando decisiones que salvaguarden tu integridad y tu identidad.

Ser hija de Dios es un tesoro de gran valor y no se renuncia a él por nada ni por nadie. El valor de una persona no lo definen las ciencias humanas; lo define Dios. Vivir con dignidad significa entender esto perfectamente bien, y aplicarlo a la vida, tanto en tu concepto de ti misma como en tu relación con los demás. ¿Aceptas el reto?

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