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Parece que fue ayer

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«En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre». (Eclesiastés 3:1).

ME PARECE muy cercano el día que salí de casa de mis padres para formar mi propia familia; sin embargo, han pasado ya más de cuarenta años. Y, mirando el reloj de mi existencia, veo cómo la historia se repitió también para mis hijas. Hace más de una década que ellas recogieron todo su equipaje y salieron de la casa donde crecieron, para tomar el control de sus propias vidas. También me parece que fue ayer.

De cara a esta realidad inevitable, hoy reviso el baúl de mis vivencias y, con un poco de nostalgia y tal vez cierto sentimiento de culpa, me doy cuenta de que desaproveché tantos preciosos momentos que pude haber tenido con ellas... Pienso, por ejemplo, en aquel día en que castigué a una de las dos solo porque mis deseos egoístas no se habían cumplido. Cómo olvidar la carita asustada de mi hija cuando, de regreso del jardín de niños, revisé su mochila y vi el plátano que había llevado para comer en el almuerzo. Era entonces una masa negra y yo le di un regaño cuando lo cierto es que pude haberla abrazado. Por eso digo que, al echar la vista atrás, me invade cierto sentimiento de culpa que no deseo te invada a ti si estás a tiempo de evitarlo.

Querida amiga que eres madre, el tiempo es poco y la ansiedad es mucha. Queriendo disciplinar y educar a nuestros hijos, con la mejor voluntad y por su propio bien, desaprovechamos momentos que podrían ser mágicos. Un día ya no estarán en casa, y llevarán en su corazón y en su mente lo bueno y lo malo que les diste. Vive con tus hijos riendo, conversando, jugando y soñando, de tal manera que, cuando los veas irse de tu lado, se lleven lo mejor de ti. Procura que, cuando formen su propia familia, tú seas una inspiración para vivir y no un trauma que deban resolver con la ayuda de un psicólogo.

La maternidad nos impone una gran responsabilidad, pero, a la vez, es una fuente de crecimiento personal. Dios ha dotado a las madres de fortaleza para contener la personalidad insegura del niño e inestable del adolescente. También nos dotó de ternura para abrazar los miedos infantiles y consolar la soledad de un hijo.

Mañana se convertirá en ayer. Cada segundo, minuto y hora puede marcar para siempre la vida de tus hijos. Recuerda: Dios está contigo.

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