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Los ingredientes de una vida plena

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«Y vosotros estáis completos en [Cristo]». (Colosenses 2:10, RV95).

¿QUÉ Y CUÁNTO NECESITAS para sentirte plena? Mucha gente podría contestar esta pregunta diciendo que necesita llegar a poseer ciertos bienes materiales o económicos, o alcanzar cierto nivel de estatus social, o llegar a desarrollarse profesionalmente en la rama que hayan elegido. No hay duda de que, para la mayoría de la gente de hoy, estos son los componentes que consideran indispensables para sentirse plenos. Por supuesto, la búsqueda de plenitud en esta dirección con frecuencia resulta estresante, agotadora y muchas veces infructuosa. Paradójicamente, en esta manera de querer ser plenos, se pierde plenitud.

Bíblicamente hablando, está claro que Dios desea que tengamos una vida plena, completa y abundante. Lo vemos, por ejemplo, en las palabras de Jesús: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). Pero los medios que buscamos para alcanzar esa plenitud, muchas veces, son contrarios a los principios y valores del evangelio. Las posesiones materiales con frecuencia se desvanecen en el devenir de una sociedad cambiante; ¿disminuirá pues nuestro valor cuando eso suceda? Solo si el materialismo mueve nuestra vida. Pero lo que debiera motivarnos no es el materialismo, porque la única verdadera plenitud de vida deriva de una relación estrecha, profunda y significativa con Dios.

Algunos expertos aseguran que existen tres sencillos ingredientes que proveen plenitud y respaldo emocional en todos los aspectos de la vida. Hablemos a continuación de cada uno de ellos: 1. Estar en buenos términos con Dios. Esta es la clave. Al hacerlo, nos movemos en medio del ajetreo diario teniendo la seguridad de su dirección. Si él nos dirige y sentimos su presencia en el alma, ¿qué más podríamos necesitar para sentirnos plenas?

2. Estar en buenos términos con una misma. Saber que recibimos el perdón de Dios por los errores cometidos nos envuelve en una atmósfera de paz personal que no se ve afectada por las circunstancias del entorno que nos rodea. Si estar en paz con una misma no es plenitud, ¿qué otra cosa podría serlo?

3. Contar con personas especiales. Son aquellas amistades que se cultivan en el tiempo y con tiempo, y con las cuales sabemos que contamos en los momentos trascendentes de la vida.

La plenitud es esa armonía total que logramos al estar en sintonía con Dios y con una misma, disfrutando de la bendición de relaciones personales significativas.

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