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Alabanza a la mujer ejemplar: antes de comprar, inspecciona

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«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas. [...] Considera la heredad y la compra, y con sus propias manos planta una viña». (Proverbios 31:10, 16, RV95).

PROVERBIOS 31 no solo es una joya literaria que Lemuel, rey de Masa, escribió por indicación de su madre; es también una descripción magistral del perfil de una mujer conforme a la voluntad de Dios. Hoy quiero llamar tu atención al versículo dieciséis, en el que se lee: «Considera la heredad y la compra, y con sus propias manos planta una viña». Esta es una mujer que, antes de comprar, inspecciona, analiza, reflexiona y usa su inteligencia, pues sabe que de su decisión dependerán sus ganancias futuras.

Los escaparates del mundo están llenos de «ofertas» para las mujeres; se venden filosofías, ideas revolucionarias acerca del rol de la mujer en la sociedad, y estilos de vida que parecen cautivantes y novedosos, como el abandono de los roles tradicionales, para pugnar por la libertad que muchas veces, mal entendida, se transforma en libertinaje y en una afrenta a sus valores. Por eso es preciso aprender a comprar en el «mercado del mundo». No todo lo que se ofrece cuesta el precio que se paga por ello. Inspecciona lo que se te ofrece y sé cautelosa, para que no pierdas tu «capital», que es la vida misma.

En cada paso que damos, estamos frente a una encrucijada. Somos mujeres que nos desenvolvemos en una sociedad posmoderna y tenemos muchos privilegios que las mujeres de antaño no poseían: el acceso a la educación, al desarrollo profesional y la apertura al mundo laboral son algunas de las oportunidades de las cuales gozamos hoy y que no podemos desaprovechar. Por otro lado, estas mismas oportunidades se tornan peligrosas si nos apartan de nuestra vocación cristiana y de nuestra identidad, que nos ha sido concedida por el Creador.

Podemos ser modernas, porque vivimos en una sociedad moderna, pero debemos elegir ser conservadoras de nuestra esencia. Escojamos ser autónomas. No fuimos hechas por Dios con el mismo molde. Lo superfluo, lo que apela a la vanidad y al derroche son algunas de las cosas que la sociedad nos impone. Recuerda que muchos de los ideales femeninos que te vende la modernidad no son compatibles con los ideales de Dios.

Sé cautelosa. No compres un terreno improductivo, pues no podrás sembrar en él y, menos aún, recibir una buena cosecha. Pide al divino sembrador que te muestre el mejor terreno para que tengas una gran cosecha.

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