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Alabanza a la mujer ejemplar: habla siempre con sabiduría

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«Mujer ejemplar no es fácil hallarla; ¡vale más que las piedras preciosas! [...] Habla siempre con sabiduría, y da con amor sus enseñanzas». (Proverbios 31:10, 26).

EL TEXTO DE HOY rinde homenaje a la mujer que habla con sabiduría. ¿Has oído el dicho «Calladita te ves más bonita»? Creo que es una aseveración que contrasta con la declaración del sabio, que invita a la mujer a hablar y enseñar a través de lo que dice. Sin embargo, debemos cuidar el uso que demos a este maravilloso don. El texto sagrado dice: «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mat. 12:37, RV95). Cada palabra lleva un mensaje para quien la dice y para quien la recibe. Nuestra preocupación debe ser la de confesar a Dios cada vez que hablemos.

Las mentiras, los chismes y las calumnias harán que los juicios de Dios caigan sobre nosotras. Por otro lado, la palabra de verdad, sazonada con sal y dicha como conviene, esto es, en el momento correcto, en el lugar correcto y de la forma correcta, será fuente de bendición.

Nuestra oración diaria debe incluir pedir a Dios que, cuando hablemos, salgan de nuestros labios palabras que honren al Señor y traigan bendición al que las escucha. Con cuánta liviandad algunas damas que se consideran modernas, al hablar, no solo ofenden a Dios y al prójimo, sino que también lo hacen en agravio del idioma.

Seamos «damas de Dios», hablemos con propiedad, usemos el lenguaje en forma correcta, no ensuciemos su esencia usando «palabrotas» vulgares y poco refinadas. Cuando lo hacemos, Dios queda deshonrado y nuestro origen como hijas de Dios es puesto en duda por quienes nos escuchan. El llamado de Dios es: «Quien quiera amar la vida y pasar días felices, cuide su lengua de hablar mal y sus labios de decir mentiras» (1 Ped. 3:10).

Es conveniente que tu oración diaria incluya este aspecto tan vital, pues pone en evidencia quién eres y cómo eres; si eres «ligera» de palabras, pide al Señor que ponga freno a tu boca. Si al calor de una discusión profieres ofensas, suplica para que tus labios al hablar sean fuente de vida y no de muerte. Con cada palabra dicha, alaba, alaba y alaba, a Dios y a la vida. Entonces tu ánimo será exaltado por el gozo de ser una mediadora entre Dios y el mundo, trayendo siempre las buenas nuevas de salvación.

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