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La vida se ahoga en un sendero liquido

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«Tengan cuidado: no se dejen llevar por quienes los quieren engañar con teorías y argumentos falsos, pues ellos no se apoyan en Cristo, sino en las tradiciones de los hombres y en los poderes que dominan este mundo». (Colosenses 2:8).

LA SOCIEDAD ACTUAL se basa en el individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera». Esta es una idea que podemos encontrar en el libro de Zygmunt Bauman titulado Modernidad liquida. Profundicemos un poco más esta mañana en este concepto, si te parece bien.

El primer concepto de este libro que llama mi atención es precisamente el que acabo de mencionar, el del individualismo. Creo que es imposible negar que vivimos en un tiempo donde cada persona busca su propio bienestar, muchas veces a costa incluso del bienestar de los demás. Se trata del individualismo en grado máximo. El ritmo cambiante de la vida de hoy es semejante al agua que se escurre entre los dedos: lo que ayer era válido, mañana ya no lo es. Los valores éticos, morales y espirituales se han vuelto desechables para el hombre y la mujer de hoy, lo que ha propiciado que las instituciones fundamentales de la sociedad (la escuela, la iglesia y la familia) sufran rupturas en sus orígenes, creando caos social y espiritual.

En medio de este caos, las mujeres cristianas hemos de asumir, con una actitud decidida, el liderazgo que Dios ha puesto en nuestras manos. El hogar y la familia son nuestro principal campo de acción, pero nunca se debiera convertir en un campo de batalla. En acción, unidas a Cristo, debemos proponernos llevar a nuestras familias más cerca del hogar celestial.

«Puede muy bien decirse que los deberes distintivos de la mujer son más sagrados y más santos que los del hombre. Comprenda ella el carácter sagrado de su obra y con la fortaleza y el temor de Dios, emprenda su misión en la vida. Eduque a sus hijos para que sean útiles en este mundo y obtengan un hogar en el mundo mejor» (El hogar cristiano, cap. 38, p. 206). Al hacerlo, debemos ser sensibles a las necesidades de cada miembro de la familia.

La aspereza, las palabras rudas, las reprimendas violentas, los castigos punitivos sin misericordia y las aseveraciones infundadas solo endurecen al más tierno corazón y producen el desplome del ideal de Dios para nuestros hogares aquí en la tierra.

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