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Corazón de hombre

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«Jesús lloró». (Juan 11:35).

A VECES, INCRÉDULA, me pongo a pensar cómo es posible que la mayoría de los varones solo lleve consigo una pequeña cartera donde pueda guardar tan poco, contrario a las damas que siempre llevamos un bolso de dimensiones bastante interesantes y lleno de un sinfín de objetos. Sin embargo, nos quedaríamos asombradas si pudiéramos ver lo que ellos guardan en su corazón, y que en raras ocasiones nos muestran. Los hombres poseen un corazón grande al que revisten de acero para poder contener las demandas de una sociedad que lo único que les reconoce es la función de proveedores. En ese corazón también hay un lugar revestido de ternura, donde almacenan las lágrimas que han sido contenidas, pues el mundo les ha dicho que «los hombres no lloran». Ellos se han convencido de que eso es verdad y viven de acuerdo a esas convicciones.

Los hombres, además, poseen un rincón oscuro dentro de sí, en el que esconden la vergüenza que sienten cuando fallan y se les niega el perdón. Hay un espacio en sus corazones pintado de colores y se sumergen en él cuando se encuentran con el niño que llevan dentro y se ponen a jugar y a reír. El corazón del hombre es aparentemente pequeño, pero es lo suficientemente grande como para acomodar recuerdos gratificantes y desechar temores y resentimientos.

Como damas, es bueno que reflexionemos en torno a la vida emocional de los varones. Ellos expresan menos sus emociones, sin que eso signifique que no las sientan intensamente. Los estudiosos afirman que las diferencias emocionales entre hombres y mujeres tienen que ver con ciertas hormonas y con creencias culturales, entre otros factores.

Ya que la vivencia de las emociones es fundamental para una vida física y psicológica saludable, las damas debiéramos proporcionar espacios donde los varones de nuestra familia puedan expresar lo que sienten, dejando atrás los estereotipos sociales que sugieren que un hombre que llora y se enternece es un hombre débil. Nada más lejos de la realidad.

Hay varias cosas que podemos hacer por ellos:

• Orar.

• Crear un espacio para que expresen sus emociones sin censura.

• Escucharlos sin darles soluciones.

• Ser empáticas, aceptando lo que dicen sin hacer juicios de valor.

• No poner en entredicho su masculinidad por el solo hecho de llorar.

• Animarlos a sentir y vivir sus emociones y sentimientos.

• Recordarles que son hechura de Dios.

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