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Corazón de mujer

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«Sobre toda cosa que guardes, guarda tu corazón, porque de él mana la vida». (Proverbios 4:23, R195).

QUIEN PIENSE QUE las mujeres guardamos una cantidad exagerada de cosas en los bolsos se quedaría asombrado si pudiera ver todo lo que somos capaces de guardar en el corazón. El tamaño de nuestros corazones no tiene límites, pues se ensancha y crece cada vez que hay un sonido, un olor, una imagen, un sabor o un toque significativo que atesorar.

En los compartimentos del corazón de una mujer hay un espacio bordado de recuerdos por los amigos que por alguna razón ya no están. También está el deseo de caricias, a la espera de que aparezca alguien idóneo que las dé; puede ser una persona, un perro, un gato, un niño o una niña. También hay un compartimento de lágrimas que se guardan para llorar con la amiga, con el hijo, con el esposo, con el triste y con el desamparado. Y, por supuesto, no puede faltar el compartimento de la risa, para sacarla transformada en carcajadas cuando alguien cuenta un inocente chiste que celebrar. También está el compartimento de los encuentros fortuitos con alguien especial, y el de la gratitud a Dios por todo lo que nos da.

En el corazón de una mujer también habita Dios y es el que lo hace fuerte cuando sentimos la cruel punzada del dolor. Sin embargo, en el rincón más oscuro de nuestros corazones también guardamos a veces rencores, pérdidas y sueños truncados que pesan en el cuerpo y en el alma, quitándonos el gozo de vivir en libertad. El corazón de una mujer, a veces estropeado como un bolso, siempre se abrirá para guardar experiencias, sensaciones, sentimientos y emociones.

El corazón de una mujer es hechura de Dios, pero también es real el llamado a guardarlo, porque de él mana la vida. Guardarlo significa reconocer en nosotras esa tendencia a almacenar en él lo que no aprovecha --rencores, envidias, odios, celos-- y luchar contra ella con la ayuda de Dios. Guardarlo es potenciar en él lo positivo, darle cabida en él a los dones del Espíritu, y poner el resto en las manos del Señor para no almacenarlo en nuestro ser. Nuestro corazón es el centro de lo que somos, el que rige nuestra existencia, guardémoslo para que la vida que mana de nosotras sea una vida santa y pura.

Mujer, este día guarda en tu corazón vivencias y experiencias que te acerquen a Dios y te mantengan en buenos términos con tu prójimo.

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