Regresar

Tu llanto transformado en risa

Play/Pause Stop
«Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría». (Salmo 30:5, RV95).

RECUERDO A aquella madre sumergida en una enorme tristeza. Uno de sus hijos había sido detenido por la policía por haber tomado parte en un robo junto a otros adolescentes. Su permanencia en un centro de rehabilitación para jóvenes infractores devastó a su madre, pero, a pesar de eso, ella acudía sin falta para ver a su hijo fichado por las fuerzas del orden con apenas quince años de edad.

Con la cabeza entre las manos, ella le preguntaba a Dios: «Señor, ¿qué es lo que hice mal?». Su hijo había sido presentado a Dios a los dos meses de nacido y lo habían recibido como miembro en el Departamento de Cuna de su iglesia local, donde inició su vida con Jesús, hasta que, al llegar a la adolescencia, fue seducido por las aventuras fuera de la ley de un grupo de amigos. Su madre había sembrado las semillas del bien en el corazón de su hijo y esperaba ansiosa que dieran frutos. Vivía en una espera activa, a veces inundada de lágrimas y a veces con un incipiente optimismo. En mis encuentros con ella, la pregunta que le hacía era siempre la misma: «¿Cómo va tu hijo?». Su respuesta era siempre: «Está en las manos de Dios».

Todos estamos en las manos de Dios: madres, hijos, nietos, esposos... Una madre de acuerdo al corazón de Dios no deja de orar por sus hijos cuando la grey que le fue dada se desvía del camino recto; ella continúa amando con amor incondicional al hijo que está perdido; ella sigue nutriendo sus fuerzas físicas, espirituales y emocionales abrevando de la fuente infinita que emana del corazón de Dios; ella sabe y confía en que el «que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese» (Fil. 1: 6).

Aquella mañana, la iglesia estaba en sus mejores galas. Un bebé iba a ser presentado al Señor. Miré con atención tratando de reconocer a los padres, y fue entonces cuando sentí el toque cálido en mi hombro acompañado de una vocecita emocionada que me dijo: «Es mi muchacho». La miré asombrada. Aquel adolescente rebelde era padre de un hermoso bebé, y asumía el compromiso de llevarlo a los pies de Jesús.

Si alguno de tus amados se ha desviado del camino, está bien que llores, pero sigue confiando y clamando. Tu llanto de hoy se convertirá en alegría mañana.

Matutina para Android