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Cuando un ángel cantó

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«Ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo». (Romanos 14:7).

SUBÍA Y BAJABA por la escala musical con desaciertos; sin embargo, la letra de su canto lo hacía perfecto. «Dios tiene un ángel para ti, no v importa dónde estés», decía su canción. Yo solo podía ver sus pequeños pies moverse con presteza. Iba y venía, cantaba, saludaba y sonreía. A esa hora de la mañana, escucharla fue como ver despuntar el sol.

Cuando abrí la puerta, ella quedó frente a mí con una enorme sonrisa y, tras un amable «buenos días, señora», puso en mis manos un trozo de papel y siguió con su tarea. «Ese ángel eres tú», pensé yo, conmovida, y luego le agradecí poniendo una moneda en su mano, que ella aceptó con una inclinación de cabeza, en un gesto de gran cortesía.

Esa dama estuvo apenas de paso en mi vida, pero sé que no fue por casualidad. ¿Por qué lo sé? Porque me dio una gran lección de servicio, justo cuando yo iba a hablar a un grupo de damas acerca del gozo de servir. Sin embargo, había una gran diferencia entre ella y yo: lo que yo iba a impartir eran palabras apoyadas con un PowerPoint; lo que ella me había impartido a mí era una lección en acción. Como se suele decir: una imagen vale más que mil palabras; y esa imagen jamás se me fue de la cabeza hasta el día de hoy, que puedo compartirla contigo.

Salí del baño de mujeres del aeropuerto donde escuché aquel canto y caminé lento, agradeciendo a Dios por la lección recibida de parte de una mujer sencilla, que hacía de su trabajo un medio para impartir gozo y alegría a todas las mujeres que se toparan con ella. Sin importar cuál sea nuestro rol en la vida, siempre afectaremos a los demás positiva o negativamente con nuestra manera de ser y de estar. ¿De qué naturaleza quieres que sea tu influencia, positiva o negativa?

Querida amiga, tenemos que ser conscientes de que nuestra presencia ---lo que decimos y lo que hacemos ante otros causa un impacto para bien o para mal. Ya sea en la familia, en el trabajo, en la iglesia o en la calle (en un aeropuerto, por ejemplo), no olvidemos modelar frente a las personas las virtudes que debe ostentar toda la que se hace llamar mujer cristiana.

Oremos cada día para que podamos reflejar el carácter de Cristo.

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