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Rescatemos lo femenino

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Rescatemos lo femenino «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». (Génesis 1:27, RV95).

EL PRIMER «RESCATE» que los padres deberían hacer al criar a una hija es inculcar en ella el verdadero concepto de la feminidad. En un mundo unisex, lo femenino y lo masculino parecen desdibujarse, sin reconocer que es ahí donde los seres humanos encontramos nuestra identidad. Muchas mujeres hoy no aprecian lo femenino que poseen por creación; tal vez crean que las pone en condición de inferioridad con respecto a los varones.

Los padres y las madres que educan hijas deben hacerlo a través del trato cotidiano y el ejemplo, de manera que crezcan con un concepto adecuado de lo que significa ser mujer. En tales condiciones, la balanza de la vida se moverá equilibradamente y se trazará una ruta común donde los hombres y las mujeres caminen juntos hacia la realización personal, sin competencia y sin descalificarse los unos a los otros.

Lo femenino hace falta en una sociedad donde lo masculino ha sido sobrecargado. La fuerza del hombre, unida a la fortaleza de la mujer, logrará trascender en esta vida y también en la venidera. Este concepto tan básico se hace real cuando en el hogar se crea un clima de respeto y consideración a las diferencias individuales.

Un padre cristiano que reconoce que lo femenino es creación de Dios sabe que la masculinidad no es sinónimo de poder y que la autoridad no se ejerce con golpes ni violencia. Por otro lado, la madre modelará frente a su hija los rasgos de la feminidad con sencillez y en concordia con los aspectos de la vida que son incluyentes y complementarios.

Madre, trata a tus hijas de tal modo que amen lo que son y cómo son, sin que tengan que actuar como hombres para ser respetadas y valoradas. «Hay un gran desgaste de energía en intentar ser lo que no se es. Cuando optamos por actuar de manera masculina, el desgaste de energía es inmenso, y terminamos por enfermarnos» (Miedo de ser mujer, p. 45).

No forcemos a nuestras hijas a ser lo que no son, no les exijamos vivir para lo que no están hechas. Permitamos que nazcan y florezcan bajo nuestro cuidado, dejando que el jardinero divino las cultive y haga florecer en ellas toda su esencia de mujer para su gloria y honra.

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