Regresar

Abundancia de todo y hambre de afecto

Play/Pause Stop
«Revístanse de sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia». (Colosenses 3:12).

EL TÍTULO DE ESTA REFLEXIÓN nos pone frente a frente con una realidad innegable. Vemos a niños que reciben juguetes en lugar de atención amorosa; hay adolescentes y jóvenes que poseen un exceso de cosas materiales, pero se sienten tremendamente solos; existen esposas y esposos que experimentan abandono, aunque frente a su casa se estacione un auto último modelo; hemos conocido a ancianos sentados a la mesa con abundantes alimentos, pero con el corazón hambriento de un toque de cariño.

Mujeres y hombres con el corazón frío deambulan por las calles, semejantes a robots humanos programados para permanecer indiferentes; han decidido no sentir para no sufrir. Los olvidados duermen en rincones de callejones oscuros, como animales callejeros llenos de miedo porque solo reciben golpes y desprecio. Esta es la triste realidad de las ciudades de hoy. ¿Qué tal si nosotras, las mujeres cristianas, marcamos una diferencia? Así como lo hizo Jesús mientras vivió en esta tierra. Donde había muerte, Jesús llevaba vida; ante el dolor, Jesús brindaba el consuelo de una caricia; frente a la enfermedad, Jesús proporcionaba salud abundante. El relato bíblico está lleno de episodios que muestran a Jesús como un ser lleno de compasión y misericordia hacia el ser humano.

La sensibilidad frente al dolor del hermano se desarrolla cuando cambiamos nuestra forma de ver lo que nos rodea; es necesario, en primer lugar, mirar al cielo para pedir al Señor misericordia, y luego mirar hacia abajo para observar compasivamente a los que están en condiciones inferiores a las nuestras. Cuando alzamos la mirada a las alturas en una sencilla plegaria, nos hacemos sensibles a la voz del Espíritu Santo, y estamos preparadas para mirar hacia abajo sin soberbia, con ternura y con profunda compasión.

Amiga, debemos prepararnos para esta tarea con un sentido de urgencia, pues el tiempo es breve. Comienza en tu casa, con los tuyos, pues ellos deben ser tu prioridad.

Evita las siguientes actitudes:

• El egocentrismo. Ese que tiene por consigna: «Yo primero». Déjalo a un lado para siempre.

• La arrogancia. Esa que te dice: «Yo puedo sola». No tiene nada de malo necesitar a otros.

• El orgullo. Ese que te dice: «Soy mejor que los demás». Mentira, no lo eres.

• La intolerancia. Esa que te lleva a decir: «No lo soporto porque no piensa ni actúa como yo». La variedad es mucho mejor que la uniformidad.

Matutina para Android