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¿Dónde radica la fuerza de la mujer?

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«Mujer ejemplar no es fácil hallarla; [...] se reviste de fuerza y dignidad», (Proverbios 31:10,25).

A VECES ME QUEDO asombrada ante la facilidad que los varones tienen para levantar objetos de gran peso. En varias ocasiones los he querido imitar, pero siempre han sido esfuerzos infructuosos. En la mayoría de las disciplinas deportivas, existen categorías para varones y para damas; con toda razón es así, ya que las condiciones físicas de ambos son totalmente diferentes.

El varón fue dotado por Dios de forma diferente que la mujer. Su conformación ósea, su masa muscular y su sistema hormonal marcan una diferencia notable respecto a la fuerza física. Por cierto, las decisiones de Dios siempre van orientadas al bienestar de la especie humana. La fuerza física del varón no le fue otorgada para someter a la mujer, sino para procurarle protección y cuidado.

¿Será que por tener menor fuerza física se puede considerar que la mujer es el «sexo débil»? Quisiera argumentar que la fuerza de la mujer es ejercida de manera diferente, porque así le plació a Dios, para complementar la fuerza física del varón. Quien ha cuidado a un bebé varias noches sin dormir ni un minuto sabe a lo que me estoy refiriendo. La fortaleza femenina radica en sus habilidades y capacidades emocionales. La mujer posee una gran capacidad de persuasión y de influencia; el ejemplo claro lo vemos en los relatos bíblicos de Sara y Eva, solo por mencionar dos. Sara logró persuadir a su esposo Abraham para actuar en contra de las promesas de Dios; por supuesto, con resultados desastrosos. Eva, la primogénita de las mujeres, sedujo literalmente a su esposo Adán para que desobedeciera a Dios, aunque conocía con exactitud su destino en la tierra, el primer hombre decidió echar suerte con su mujer.

¡Qué gran responsabilidad tenemos las mujeres! Nuestra fuerza va mucho más allá de levantar pesados objetos; más bien, tiene implicaciones de vida o muerte. ¿Lo comprendemos así? Por esta razón, hemos de permanecer en guardia, pues Satanás conoce nuestro flanco más débil. El poder de influir, convencer, persuadir y empujar es grande en nosotras, y solo sujeto a la voluntad de Dios lo podremos usar como una herramienta para la toma de decisiones y el bienestar de los que están en nuestro círculo de influencia. Que nuestra oración sea: «Concédeme, Señor, el discernimiento para ejercer mi poder en favor de los demás y para honrar y glorificar tu nombre. Amén».

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