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¡No dejes que te empujen!

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«Diviértete, joven, ahora que estás lleno de vida; disfruta de lo bueno ahora que puedes. Déjate llevar por los impulsos de tu corazón y por todo lo que ves, pero recuerda que de todo ello Dios te pedirá cuentas». (Eclesiastés 11:9).

UNO DE LOS TRANSPORTES más congestionados que me ha tocado conocer es el metro de la Ciudad de México. En las llamadas «horas pico», cuando la afluencia de pasajeros es considerablemente mayor, las personas entran y salen en verdaderas aglomeraciones, donde es casi imposible tomar la dirección deseada, pues el tumulto te lleva hacia donde no quieres ir. En el poder de la mayoría, el poder individual es casi anulado. La fuerza del grupo es tan intensa que puede llevarte lejos de tu destino, y si intentas resistir puedes resultar lastimada.

Esto me lleva a reflexionar en algo similar que ocurre en el mundo social, y que los expertos denominan «presión de grupo». En esta, sucede lo siguiente: lo que la mayoría hace parece ser la regla que todos deben seguir, aun cuando favorezca conductas negativas, causando daños serios e irreversibles a quien cede. Por no ser tildados de «diferentes», muchos se dejan arrastrar por el grupo.

La adolescencia y la juventud son las etapas de la vida donde se es más vulnerable a la presión de grupo. La influencia de los amigos en nuestra búsqueda natural de aceptación y sentido de pertenencia es enorme. Si tú estás en esta etapa, sé cuán difícil puede ser a veces resistirse y permanecer fiel a los valores y creencias personales aprendidos en el hogar. Conozco la presión que te intenta empujar a romper las reglas establecidas por tu familia. Por eso, es importante que te rodees de amigos que tengan tus mismos valores y que, aun en medio de una encrucijada, juntos puedan tomar decisiones correctas. A diferencia de lo que muchos piensan, permanecer firme en lo que crees no te relega del resto; por el contrario, tu fortaleza interna, determinación y confianza en ti misma te hacen ver como alguien especial, con lo que ejercerás una influencia poderosa y positiva en tu grupo de iguales.

Atrévete a decir «no» o «sí», con una decisión fundamentada en tu valor personal y en el poder de Dios. Antes que tú, lo hicieron Daniel y sus compañeros. Dios desea que formes parte de este cuadro de honor y que seas un instrumento de salvación para otras señoritas como tú.

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