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El poder de la repetición y el elogio

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«Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes». (Deuteronomio 6:6-7).

LOS NIÑOS NECESITAN tiempo para ir integrando en su experiencia los valores y las reglas que se les van enseñando en la casa. La repetición es el elemento educativo más eficaz, aunque en ocasiones, exagerando, les decimos: «¡Te lo he dicho mil veces!». Los niños necesitan que, con paciencia, sus padres les repitan lo que esperan de ellos una y otra vez, hasta que las indicaciones dadas se establezcan como hábitos en su mente y pasen a formar parte de su propia manera de pensar. Así funcionamos también los adultos. Además, hay que tomar en cuenta que cada hijo tiene su propio ritmo de asimilación.

Los padres que desean tener hijos obedientes necesitan decir cuantas veces sea necesario lo que esperan que ellos hagan y la forma en que deben hacerlo. Si se les va a enseñar a lavarse los dientes, a poner en orden su habitación o a guardar los juguetes, la madre necesitará decirlo y demostrar frente al niño cómo se hace. Juntos deben establecer las rutinas cotidianas, hasta que el niño cumpla con sus deberes aun cuando la madre no esté presente.

La buena voluntad del niño por agradar a sus padres siendo obediente debe ser elogiada. El reconocimiento por sus aciertos es tan importante como señalar un desacierto. Al hacerlo, el niño recibe una tremenda dosis de ánimo y esto lo motivará a seguir esforzándose. Los padres sensatos son capaces de reconocer los esfuerzos del niño por complacerlos con su obediencia; de lo contrario, se desanimará y se volverá negligente. Por eso, elogia con frecuencia a tu hijo por su buen comportamiento y celebra cuando concluya una tarea en casa, aunque no esté perfecta. Las exigencias de perfección cuando el niño no ha alcanzado la madurez requerida para la tarea no favorecerán su sentido de utilidad.

La psiquiatra Pilar Gamazo afirma: «El elogio aumenta la motivación y ayuda a los niños a realizar una tarea difícil, a incorporar un hábito nuevo o a aumentar la frecuencia de una conducta adecuada. Elogiarlos para educarlos en valores es una técnica de manejo de conducta sumamente eficaz, que tiene grandes beneficios y que debería formar parte de nuestro lenguaje habitual».

Trabajemos en la educación de nuestros hijos, pues será el legado más valioso que recibirán de nosotras.

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