Regresar

Empatía y humildad

Play/Pause Stop
«No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo». (Filipenses 2:3).

LA FALTA DE EMPATÍA pone en guerra a muchos hombres y mujeres. Se entiende que la empatía es la capacidad de mostrar interés por los demás y de consolidar con ellos relaciones saludables. Quien no puede mostrar empatía está centrado en sí mismo y piensa que todas las personas y las cosas deben girar en torno a sus deseos; cuando no lo logra, muestra su frustración abiertamente siendo hostil.

La humildad también es una virtud que nos acerca a los demás; significa negarnos a nuestros deseos personales a fin de complacer a las personas que amamos. La humildad puede llevarnos al sacrificio y a la abnegación, sin que nuestro yo se sienta ofendido. El mayor acto de humildad lo ejemplificó Jesús en la cruz del Calvario, cuando se negó a sí mismo para hacer la voluntad de su padre, a fin de salvar a la humanidad que no lo merecía.

La guerra entre los sexos se erradicará definitivamente cuando las mujeres volvamos a nuestra esencia y seamos cada vez más femeninas (no solo feministas), y los hombres sean masculinos (no machistas). Nuestras diferencias no nos ponen en una posición antagónica; por el contrario, nos proveen la oportunidad para hacer y trascender juntos.

Amiga, cuenta a los hombres de tu vida. Pueden ser tu padre, tu esposo, tu hijo, tu hermano, tu yerno, tu jefe, tu amigo... Evalúa la forma como te relacionas con ellos. Si crees que han pisoteado tus derechos, lucha por defenderlos sin perder tu delicadeza y dignidad. No te transformes en una vengadora tomando sus mismas actitudes. Si lo haces, pierdes lo femenino, rebajas tu valor y, finalmente, te darás cuenta de que es una lucha infructuosa. Por el contrario, si tienes una relación en igualdad de condiciones con ellos, aprécialos, respétalos y ofréceles tus cualidades personales sin pretensiones de sobresalir ni de mostrar superioridad. Acepta el liderazgo de hombres honestos, ecuánimes y equilibrados. Déjate conducir; te librarás de muchas tensiones y de mucho desgaste físico y emocional.

La lucha de hombres y mujeres no debe estar basada en la supremacía personal. Juntos podemos derrotar las injusticias, la desigualdad en el trato, el abuso, la discriminación y tantas otras cosas que nos impiden gozar la compañía mutua. Como dijo Kennedy: «Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas».

Matutina para Android