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La maternidad

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«Había en la ciudad de Jope una creyente llamada Tabita, que en griego significa Dorcas. Esta mujer pasaba su vida haciendo el bien y ayudando a los necesitados». (Hechos 9:36).

LLEVA MÁS DE CINCO años de matrimonio y una pregunta frecuente resuena entre sus familiares y amigos: «¿Cuándo llega el bebé?». Esta insistencia de parte de muchos le ha provocado ansiedad y, todavía más, ha deteriorado su relación matrimonial, sobre todo cuando escucha a sus seres cercanos afirmar que el sueño de toda mujer es ser madre. Es demasiada la presión que siente y esta la afecta más de lo necesario.

La maternidad está implícita en la naturaleza femenina, sin que esto signifique que las mujeres que no tienen hijos están exentas de desarrollar una actitud maternal, definida como «la capacidad de nutrir, de apoyar, aceptar y servir. La actitud maternal libera nuestros talentos; nos hace aptas para manifestar sentimientos de compartir, de acompañar, de solidaridad. El aspecto maternal dentro de nosotras va a apoyar incondicionalmente a todo ser, cosa o proceso que necesite fuerza y nutrición para crecer» (M. Bianchetti). Esta actitud amorosa nos permite dar a luz vida, dondequiera que intervengamos.

Las mujeres hemos sido hechas para dar ternura y cobijo, y podemos hacerlo aun sin tener hijos. Esto se contrapone al argumento de que la mujer que no tiene hijos vivirá una eterna frustración.

Querida amiga que aún no tienes hijos, no te preocupes. Dios sabe cuál es la mejor forma de que lleves a cabo tu sentido de la maternidad. Hay muchos niños a los que puedes hacer felices brindándoles hogar y amor. Existen muchos hijos que viven sin padres, aun teniéndolos; están expuestos y sufren el desamparo; a alguno de esos niños tú puedes arroparlo en tu regazo.

Cuidar de los demás forma parte de la sensibilidad femenina. La historia de Dorcas y su realización maternal a través de un ministerio de cuidado es un ejemplo sencillo y práctico. En la Biblia no se menciona que ella tuviera hijos, pero había asumido el cuidado de una gran cantidad de personas y, al momento de su muerte, muchos lloraron como si se hubiera tratado de una madre protectora. ¿Qué te parece la idea de vivir de tal manera que, cuando llegue la hora de tu muerte, la iglesia al completo eche de menos todo aquello que hiciste por los más necesitados mientras estabas viva? A mí me parece una aspiración maravillosa. La pongo a tu consideración.

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