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Personas guía

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«Opina el necio que su camino es derecho, pero el sabio obedece el consejo». (Proverbios 12:15).

¿HAY PERSONAS en tu vida que te dan buenos consejos, te orientan a tomar las mejores decisiones, y te ofrecen tutela y apoyo? Esas son personas guía que se preocupan por tu bienestar; son personas que, por su experiencia y conocimiento, están capacitadas para mostrarte el camino y para evitarte tropiezos y caídas innecesarias. Esas personas son un regalo del cielo. Puedes acudir a ellas con la seguridad de que te transferirán la sabiduría que ellas mismas han adquirido a través de sus vivencias personales.

En circunstancias normales, nuestros padres son, sin duda, las mejores personas guía de nuestra vida. Ellos anhelan que seamos competentes y que desarrollemos al máximo nuestras potencialidades, hasta que seamos personas exitosas. Es por eso que te inculcan valores y principios para tu correcto desempeño; aprécialos por lo que son y da gracias a Dios por su influencia. Lamentablemente, hay quienes no cuentan con esa bendición.

Los valores que tus padres te han enseñado no son bloqueadores de la personalidad, como algunos señalan en defensa propia; tampoco pretenden atacarte. Al contrario, esos valores te permiten caminar por la vida con paso seguro y en libertad, pues te dan a conocer los límites hasta donde puedes llegar sin autodestruirte. Los límites, lejos de ser malos, dan seguridad.

Dios te habla hoy a través de su Palabra y te dice que, si haces de ella una «lámpara a tus pies», tu camino será claro y te conducirá a decisiones correctas. Depende de ti escoger hoy entre la vida y la muerte. Pero si leyendo estas líneas te das cuenta de que has caminado por sendas torcidas que te mantienen lejos de Dios, no pienses que todo está perdido. Dios te ofrece un nuevo punto de partida. En Cristo hay perdón, esperanza y restauración. Solo él puede reparar lo que está roto en tu vida; solo él puede devolverte lo que perdiste; porque te ama con amor incondicional.

Dios es el único que puede perdonar y olvidar. La parte que te toca hacer a ti es reconocer tus errores, desandar el camino equivocado y aceptar su guía y dirección. Él es nuestro guía supremo.

Ahora es tu momento. Disfruta tu juventud sin remordimientos. Construye tu porvenir poniendo como fundamento a Cristo y buscando dirección en las personas que te aman. Dios te bendiga.

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