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Reinvéntate siempre

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«El corazón inteligente busca la sabiduría, pero la boca de los necios se alimenta de necedades». (Proverbios 15:14, RV95).

HECHAS POR DIOS inigualables y especiales, las mujeres somos obras siempre en progreso, no somos productos terminados; es decir, que la obra que Dios inició en nosotras sigue todavía llevándose a cabo, sea cual sea nuestra edad. No ha concluido todavía nuestro crecimiento personal; cada día se nos ofrece una nueva oportunidad de progresar, de explorar nuevos conocimientos y de hacer cambios que procuren nuestro desarrollo óptimo como hijas de Dios. ¡Qué gran privilegio gozar de tantas oportunidades! La cuestión es: ¿las estamos aprovechando? ¿Estamos cada día reinventándonos? ¿Buscamos la sabiduría? ¿Nos alimentamos de aquello que nos hará crecer y progresar en el camino cristiano?

Saber quién eres y descubrir tu propósito en la vida son los primeros pasos que tienes que dar para reinventarte. Recuerda que eres hija de Dios, creada para la eternidad; esta será la brújula que te ayudará a trazar la ruta. Carl Sagan dijo: «El ser humano está hecho de polvo de estrellas». Esta ilustración me lleva a pensar que debemos trabajar en nosotras mismas para tomar la forma de una estrella que ilumine la esfera de influencia en que el Señor nos ha puesto.

Te sugiero que cada noche, cuando te acuestes, te preguntes: «¿Qué he aprendido hoy que me ayude a llegar a mi destino final?». Porque hoy es el momento de empezar a reconsiderar; si no lo haces, el hoy se convertirá en ayer y habrás perdido más tiempo. Usa tu creatividad para ennoblecer tu vida y la de las personas con las que te relacionas cada día. Deja una huella de espiritualidad por dondequiera que vayas.

Ve desarrollando esos valores que potencien tu esencia de hija de Dios. Acepta los desafíos y las dificultades de la vida, y aprovéchalos para crecer en fortaleza y en fe. ¿Cómo, si no fuera por esas dificultades, podrías desechar las falsas creencias que albergas? Escucha a tu cuerpo cuando te habla, pues te librarás de enfermedades físicas y del alma; llora cuando tengas que llorar y ríe cuando tengas que reír, no inviertas tus emociones; y, lo más importante, construye día a día tu vida con Dios, acepta su voluntad y busca respuestas a tus problemas recostada en su regazo.

El agradecimiento es un buen punto de partida. ¿Te has fijado en todas las cosas bellas que nos rodean por todas partes? Nuestro maravilloso Dios se encarga de mostrárnoslas.

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