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Solo se puede vencer la oscuridad con la luz

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«Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo». (Mateo 5:16).

ME PARECIÓ SIGNIFICATIVA la frase con la que he titulado la reflexión de hoy. Es cierto que muchos pretenden traer nueva luz haciendo protestas, motines y revueltas; sin embargo, lo que se logra con esto es generar más caos, consternación y confusión. Muchos llamados revolucionarios no promueven el cambio; solo provocan confrontación con los que no están de acuerdo con sus ideas.

Algunos aseguran que Jesús fue el primer revolucionario que el mundo conoció. Al repasar su vida, me doy cuenta de que se comprometió, colaboró, actuó, y trajo luz y esperanza dondequiera que estuvo. Su método fue el amor. Si consideras el amor como su revolución, entonces fue «revolucionario», para mostrarnos un camino más excelente. Es la misma consigna para ti, querida amiga que lees estas líneas. El amor es el verdadero agente de cambio. ¿Quieres promover el cambio? Ama como Jesús nos enseñó a amar: sin hacer acepción de personas, aprendiendo a soportar, siendo bondadosa, no teniendo envidia ni siendo presumida, orgullosa, grosera ni egoísta, sin guardar rencor, sin alegrarse con la injusticia, alegrándote en la verdad (ver 1 Corintios 13:46). Así estarás brillando. Ese es el tipo de revolución de Jesús hizo. Imitemos su ejemplo.

¡Hay tantos que están en oscuridad! Necesitan una senda llena de reflectores emanados de la Palabra de Dios y modelados a través de tu ejemplo, tu influencia, tus palabras y tus actitudes. Ofrece esperanza y ánimo a los desesperanzados y sumergidos en el desánimo. Barre los rincones oscuros de tu hogar con la «escoba» de humildad y paciencia; reconoce tus errores y perdona. Abandona el ánimo amargo, el ceño fruncido, la risa sarcástica, el reproche constante, la crítica que lacera, la amargura y la acusación.

Sé luz, sirviendo con abnegación y sacrificio. Pule tu carácter con el «estropajo» de la autocrítica; elimina toda impureza y las «bacterias» mentales que traen enfermedad, dolor y muerte.

Vivir sin proyectar luz no merece la pena. Alumbra y no te canses de hacerlo. Si no irradias la luz de Cristo, has fracasado. Se necesitan mujeres que alumbren los hogares, las empresas y las naciones. Para lograrlo, echa mano de tus habilidades y talentos, pero, principalmente, del consejo sabio de Dios. Este es el secreto para ser luz en esta tierra y brillar por la eternidad.

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