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Dos maneras de ser luz

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«Otra vez Jesús les habló, diciendo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”». (Juan 8:12, RV95).

EXISTEN DOS MANERAS de alumbrar: 1) ser una fuente de luz (como una lámpara, por ejemplo), o 2) ser el reflejo de una fuente de luz (como la Luna, por ejemplo, que refleja la luz que genera el Sol). Jesús nos dice: «Ustedes son la luz de este mundo» (Mat. 5:14); sin lugar a dudas, hemos de serlo, pues es una orden del Maestro. Pero ¿cómo se hace esto? Obviamente, nosotras solo tenemos una manera de alumbrar, pues no somos fuente de luz. Puesto que no hay luz propia en el ser humano, la forma de brillar nuestra siempre será reflejar la luz de Cristo, el Sol de justicia, mediante nuestra manera de vivir. ¿Será que estamos reflejando esa luz?

Reflejar la luz de Cristo es nuestro privilegio. Podemos hacerlo a través de nuestro testimonio personal, así como de la influencia que ejercemos sobre los demás. Seguramente habrás escuchado ese cantito que dice: «Esta lucecita mía, la dejaré brillar. Esta lucecita mía, la dejaré brillar. Brillará, brillará, brillará. No la apague Satanás, ¡no!, la dejaré brillar». ¿Qué te parece esta canción como lema de nuestra vida? Es una canción sencilla, pero con un gran significado.

En medio de las tinieblas que cubren nuestro mundo, puede ser que la luz que reflejas te parezca tan pequeñita, que temas que se extinga. Ten la seguridad de que no será así si te mantienes unida a la fuente de esa luz, que es Cristo. Tu testimonio y tu influencia pueden ser pequeños a la vista del mundo, pero serán inmensos para la persona que a través de ellos llegue a los pies de Cristo. También será grande la recompensa que obtendrás.

Dios te llama a ser sensata en medio de tanta insensatez; te pide prudencia cuando lo que abunda es la imprudencia; aprecia tu lealtad cuando las desleales se denominan a sí mismas inteligentes; te insta a luchar por la justicia, aun cuando seas tratada injustamente. Sé sabia en el nombre del Señor en medio de la ignorancia del ser humano que desprecia su origen.

Amiga, no nos acostumbremos a caminar en oscuridad. El fuego del Espíritu Santo está a nuestra disposición para que nuestra antorcha nunca deje de alumbrar.

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