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Con Cristo en la familia

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«¡Den gracias al Señor! ¡Proclamen su nombre! Cuenten a los pueblos sus acciones. Canten himnos en su honor. ¡Hablen de sus grandes hechos!» (Salmo 105:1-2).

UNO DE LOS RECUERDOS más hermosos de mi infancia es cuando entonábamos ese precioso cantito que dice: «Con Cristo en la familia, qué hogar feliz, ¡qué hogar feliz!». Imagino que tú habrás tenido una experiencia similar. ¿Cuál es el canto que marcó tu infancia? ¿O quizás se trataba de un pasaje bíblico, de un poema o de algún ritual que llevabas a cabo con tus padres? Esos momentos devocionales en familia se atesoran en la mente y el corazón cuando somos niñas, y pasan a convertirse en fuente de fortaleza para la vida adulta cuando enfrentamos momentos de soledad. ¡Cuánto significado tienen!

En la familia que pone a Cristo como el centro de la convivencia en el hogar, se respira un ambiente de calidez y dulce comunión, que provee a sus miembros de herramientas sencillas para enfrentar los desafíos diarios. Cualquier momento de la vida familiar es bueno para desarrollar la espiritualidad de sus miembros, de tal forma que la presencia de Dios sea tangible.

Será bueno que las madres propiciemos ejercicios devocionales que exalten el gozo de tener a Cristo como centro del hogar. «Dejen que la alegría, la bondad y el amor penetren en el hogar. Ello intensificará el amor por las actividades espirituales, y los deberes grandes y pequeños se cumplirán con corazón alegre. Podemos mantener verdadera dignidad cristiana y al mismo tiempo ser alegres y agradables en nuestro comportamiento. La alegría sin liviandad es una de las gracias cristianas» (El hogar cristiano, cap. 70, pp. 411-412).

Permitamos que los momentos devocionales sean un tiempo para manifestar gratitud y alabanza a Dios por los favores recibidos, así como verdadera alegría cristiana. Si las madres lo hacemos así frente a nuestros niños, estos imitarán el ejemplo y serán dóciles y afables, a la par que crecerá su interés hacia las actividades espirituales, hacia esos momentos de contenido religioso que ponemos en su rutina diaria. El tiempo en compañía de Dios y de los unos con los otros hace que cada miembro de la familia encuentre un espacio para ser consolado y apoyado.

Hermana, promueve momentos de comunión con Dios en tu familia antes de comenzar la jornada diaria. Conviértelos en preciosos y sencillos rituales que ellos puedan transmitir a la siguiente generación. Eso dará mucho sentido a la rutina diaria y les enseñará principios y valores que se pueden aplicar fuera de casa.

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