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El desánimo, la anestesia del alma

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«El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza». (Salmo 34:18).

ALGUIEN DIJO QUE «no se puede volver el reloj hacia atrás, pero se puede volver a darle cuerda». Esta maravillosa frase tiene mucho que ver con el desánimo que genera una situación que no podemos revertir y con la necesidad de mirar hacia delante, dejando el pasado en el pasado.

El desánimo es un estado emocional paralizante; nos roba la energía y nos susurra con sutileza enfermiza que nada vale la pena, especialmente cuando hemos invertido tanto tiempo y esfuerzo en una tarea solo para ver cómo resulta infructuosa. Todas pasaremos alguna vez en la vida por momentos de desánimo, eso es normal; lo importante es no permanecer en ese estado tanto tiempo que conduzca a la pérdida de esperanza y a esa tristeza tan profunda que deriva en depresión.

Es alentador recordar las palabras del proverbista cuando dice: «Porque, aunque siete veces caiga el justo, volverá a levantarse» (Prov. 24:16). Si has invertido años de vida tratando de ser una mujer de acuerdo al corazón de Dios y Satanás te ha entrampado, no te resignes. Persevera con humildad sincera y él te pondrá en alto, sin importar cuán bajo hayas caído y a pesar de lo que los demás puedan pensar de ti. No te resignes a ser el «tapete» donde algunos limpien sus pies; recuerda tu origen y tu propósito.

Sentadas ella y yo bajo la sombra de un árbol, mi joven amiga me contó su historia. Había nacido en un hogar cristiano y la habían instruido en los principios eternos. Al llegar a la juventud, fue inducida a tener relaciones sexuales con alguien que pensó que la amaba. Desalentada y descorazonada, terminó sola luchando con su culpa y su autodesprecio, pensando que Dios también la despreciaba. En aquel momento, enviada por su madre al retiro de señoritas, se sentía inadecuada, indigna y con la impotencia de no poder volver el tiempo atrás.

Para Dios nunca serás un caso perdido; por el contrario, eres un caso ganado, porque en la cruz del Calvario él ya pagó el precio por tu rescate. Levantarse es tarea difícil si lo intentas sola, pero alza tu mano con fe y tómate con fuerza y voluntad decidida del brazo de Dios; entonces, tendrás tiempo para sanar, desandar el camino torcido y encontrar de vuelta el camino que te lleva a la cruz y al perdón. No te desanimes. No anestesies tu alma.

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