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El caldo de cultivo del pecado

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«Recurrí al Señor, y él me contestó, y me libró de todos mis temores». (Salmo 34:4).

EN EL CAMPO de la microbiología, un caldo de cultivo es un medio líquido óptimo para la multiplicación de todo tipo de bacterias. Quisieracomparar el pecado con un caldo de cultivo, para que podamos comprender esta mañana más claramente cómo actúa en nuestra vida.

El pecado, en primer lugar, se genera en nuestra mente, donde proliferan bacterias emocionales a través de pensamientos descontrolados. El desánimo es la bacteria más letal. El desánimo nos hace perder energía espiritual; entonces, comenzamos a creerle a Satanás que estamos perdidas y sin remedio, y nos alejamos de Dios por vergüenza o por ser incrédulas acerca de nuestra restauración. Ojo; no te creas todo lo que piensas ni des lugar en tu mente a eso que te gustaría hacer pero que es claramente contrario a la voluntad de Dios expresada en su Palabra. Teniendo esas dos cosas claras, tu mente ya no será el medio óptimo para la multiplicación de la bacteria del pecado.

Parecido al desánimo es el agotamiento; este parece haberse apoderado de nuestro mundo, pues es el estado más común. Cansadas de intentar, de esforzarnos por ser mejores y de cambiar nuestros hábitos pecaminosos, optamos por buscar alivio de forma artificial. La promiscuidad y el consumo de drogas pasan a parecernos una opción como paliativos; quien los promueve y quien los usa no se da cuenta de que este cansancio solo será transformado en fortaleza en el regazo de Jesús y no a través de los placeres sensoriales.

Volver a Jesús derrotada y cansada no es motivo de vergüenza, como tal vez quiera hacerte creer tu propia manera de pensar. Todo lo contrario: regresar a Jesús es una demostración clara de entereza, valor y fe. Y si recuerdas la parábola del hijo pródigo, el Padre celestial está a la vera del camino, siempre pendiente para verte en la distancia regresando a casa y salir a tu encuentro.

Hoy es el día perfecto para tomar decisiones correctas. Descubre cuáles son tus debilidades, escucha tu intuición y confróntala con la razón; es momento de dejar tus problemas al pie de la cruz. «[Dios sacará la carga de nuestros hombros cansados. Nos dará reposo. Llevará también la carga de angustia y pesar. Nos invita a confiarle todas nuestras preocupaciones, porque él nos lleva sobre su corazón» (Promesas para los últimos días, p. 30).

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