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¿Estás agotada?

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«Porque voy a hacer que corra agua en el desierto, arroyos en la tierra seca». (Isaías 44:3).

LA CIUDAD DE MÉXICO se está hundiendo. De acuerdo con un artículo publicado hace años en The New York Times, se ha bombeado tanta agua del acuífero que hay bajo la ciudad a fin de suplir las necesidades de sus millones de residentes, que el suelo se está hundiendo a una velocidad alarmante: más o menos diez metros en el último siglo. ¿Te ha sucedido algo similar hablando en el plano espiritual y emocional? ¿Has dado tanto a otros que tu energía se ha agotado? ¿Te sientes seca, como quien ya no tiene nada más para dar? Cómo no sentirse así, cuando tenemos tantas demandas dondequiera que nos ocupemos: cuidar de la casa, atender a los hijos, apoyar al esposo, salir a trabajar, cuidar de nuestros padres...

Quiero llevar tu mente a recordar algo que es de vital importancia: cuando sientas que no puedes más, que no queda ya nada en ti para dar, recuerda que no es de ti de donde vienen las fuerzas; la fuente de poder es Dios. El problema surge cuando lo olvidamos. Cuando olvidas que es el Señor quien te da las fuerzas, pasas a depender de ti misma; es ahí cuando empiezas a reconocer que te vas vaciando. «¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído? El Señor, el Dios eterno, el creador del mundo entero, no se fatiga ni se cansa; su inteligencia es infinita. Él da fuerzas al cansado, y al débil le aumenta su vigor» (Isa. 40:28-29).

Te agotas cuando no depositas la carga, cuando decides andar sola poniendo a prueba tu capacidad de resistencia hasta desfallecer, y te afanas en tareas interminables. Te agotas porque dejas de escuchar la voz de Dios diciéndote: «Echa sobre mí tu carga y yo te sostendré». Llena la fuente de tu corazón con el agua que emana del mismo trono de Dios; al hacerlo, recuperarás las fuerzas.

En un retiro espiritual, una persona caminaba entre la gente con una Biblia y una cubeta. Es fácil entender por qué llevaba la Biblia, pero ¿para qué era la cubeta? Al preguntarle, contestó sonriente, señalando una rajadura en el fondo: «La cubeta me recuerda sacar toda el agua viva que pueda. El agua se sale de mi cubeta, al igual que de mí, lo que me recuerda que debo seguir yendo al Señor a buscar más». Eso es lo que quiero que hagas hoy: ve al Señor, en él está la fuerza que te falta.

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