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UN CORAZÓN LIMPIO

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"Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve" (Sal. 51:7).

Cierto viernes de noche, me encontraba en un aeropuerto. Era mi tercera noche durmiendo ahí y esperaba ansiosamente que hubiese lugar en algún vuelo.

Verónica se acercó corriendo con su equipaje de mano y con ella llegó el aroma a un perfume de marca. Ya nos habíamos visto la noche anterior y estaba al tanto de mi situación.

Yo estaba sucia, sin perfume, con la misma ropa de cuatro días (aunque la lavaba y secaba cada día en el baño). Esa noche, el vuelo se canceló otra vez. Verónica volvió a su casa; yo, a mi rincón en el piso.

Al día siguiente, la encontré nuevamente y me trajo un paquete de toallas húmedas: uno de los regalos más valiosos de mi vida.

Desde esa vez, no volví a acostarme sucia un viernes de noche, hasta que unos años después, en un camporí, me pasó otra vez.

No es que sea pecado no estar bañado cuando comienza el sábado, pero es lindo comenzar este día limpios.

En medio de tantas actividades del camporí, ese viernes no había tenido tiempo para bañarme y el agua ya se había cortado... pero había llevado las toallas húmedas que me habían sobrado del regalo de Verónica aquella vez.

En el silencio de la madrugada, mientras a oscuras me limpiaba los pies, pensé en la humildad que debemos tener y cuán difícil es querer limpiar el exterior si en nuestro corazón aún albergamos pensamientos negativos, desánimo y falta de fe. Dios puede limpiarnos por fuera y por dentro. Me recordó que, así como me había cuidado esos días en el aeropuerto, y así como había provisto un detalle para hacerme sonreír aquella vez, volvía a asegurarme que lo verdaderamente importante ese día era comenzar con el corazón limpio, y pasar tiempo con él.

Con su "nada", un simple paquete de toallas, me demostró que es mi todo. ¿Qué detalles pequeños te recuerdan el amor y el cuidado divinos? ¿De qué malos sentimientos te tiene que limpiar Dios hoy? ¿Qué cosas necesitas entregarle?

Hoy quiere limpiarnos. Hagamos la oración del salmista y permitámosle a Dios que, aunque sea con algún gesto mínimo, nos recuerde cuánto nos cuidó hasta ahora y que lo poco o mucho que nos da, en sus manos, significa todo lo que realmente necesitamos.

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