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JUEGO DE TRONOS

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"Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él” (Est. 3:1).

Seguramente en alguna fiesta jugaste al juego de la silla. No era posible que dos personas se sentaran en el mismo asiento.

En este caso, el trono lo ocupaba Asuero, y le había dado a Amán una silla que, por lo que leemos, era bastante especial y le confería cierta autoridad. Todos se arrodillaban ante Amán, pero para él eso no era suficiente. Mardoqueo no lo hacía y esto lo airaba.

¿Qué nos pasa cuando algo o alguien se interpone en el camino de lo que nosotros creemos que es lo mejor? ¿Cómo reaccionamos cuando no podemos manejar las circunstancias y las personas a nuestra manera? ¿Qué pasa por nuestra mente cuando los planes de Dios, la respuesta de alguien, o una eventualidad, van en contra de nuestro "sabio” parecer? ¿Quién está sentado en el trono de nuestro corazón?

Los siervos del rey le preguntaban a Mardoqueo, cada día, por qué él traspasaba la orden del rey. Mardoqueo, cada día, tomaba la decisión de tener en el trono de su corazón a Dios. A Amán no le alcanzó con atrapar a Mardoqueo, sino que planeó destruir a todos los judíos del reino (uno de los tantos resultados de vivir por el orgullo).

En cambio, en Ester 6:1 al 12 vemos de forma muy marcada uno de los resultados de tener a Dios en el trono. En este libro no se menciona a Dios, pero lo vemos actuar de forma maravillosa. Si Dios está en el trono de tu corazón, no habrá lugar para nadie más y los resultados hablarán solos.

Que tu orgullo no te llene de ira ni se adueñe de una silla que no llega a ser trono, como esa que le dio Asuero a Amán. Que el príncipe de este mundo no te venda un poder falso. Que en cada cavidad de tu corazón haya una pata del trono donde, cada día, se siente el Rey del universo.

Si hay que pedir perdón, agachar la cabeza y ceder el paso, hagámoslo. Hay personas que se preguntarán por qué no nos arrodillamos ante los poderes de este mundo, gente que nos observará para ver a quién servimos. ¿Quién está ocupando el trono?

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