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¿ESTÁS DORMIDO?

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"Simón -le dijo a Pedro-, ¿estás dormido?” (Mar. 14:37).

Cuando mis amigas venían a mi casa a dormir o yo iba a dormir a la de ellas, nos quedábamos conversando hasta tarde. En esos momentos, en voz baja y con las luces ya apagadas, surgían los temas más íntimos. Llegar a contar algo muy secreto realmente requiere valor y, sobre todo, mucha confianza en la otra persona. Pero ¡cuántas veces les hice una pregunta al terminar toda mi perorata, solo para descubrir que hacía rato ya se habían quedado dormidas! ¡Cuántas veces a ellas les pasó lo mismo conmigo! Nuestros secretos terminaban siendo revelados a la nada, y en ese silencio solo se percibía la sensación de una profunda desilusión, verbalizada por la tímida pregunta: “¿Estás dormida?”

Una noche, Jesús hizo esta pregunta a un círculo íntimo de amigos que estaban totalmente inconscientes de la magnitud de los eventos que estaban a punto de ocurrir.

¡Qué escena tan triste! Esa pregunta sigue tan viva y penetrante como esa noche...

Elena de White nos dice que varias veces los discípulos habían ido con Jesús a pasar la noche ahí. Oraban un rato, pero después se dormían "apaciblemente a corta distancia de su Maestro, hasta que los despertaba por la mañana para salir de nuevo a trabajar” (El Deseado de todas las gentes, p. 637). Esta noche Jesús sí quería que lo acompañaran en vigilia y oración; pero ellos no estaban acostumbrados. Con su amor tan característico, les dijo: "Vigilen y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil" (Mar. 14:38).

¿Cuántas oportunidades de acercar a otros a Dios por medio de la oración dejamos pasar por el uso ocioso de nuestro tiempo?

Jesús, con la misma confianza y cariño que sentía por Pedro, nos pide que velemos y oremos por nosotros y por otros, para que no caigamos en tentación y seamos capaces de discernir la magnitud de los eventos que están ocurriendo ya punto de ocurrir, para que podamos disfrutar su compañía el mayor tiempo posible y no nos perdamos todas las cosas que quiere compartir en su Palabra y en su accionar diario.

Así como Pedro y como las vírgenes de la parábola, podemos pensar que estamos listos y dormirnos a las puertas del evento más importante de la historia del mundo. ¿Estamos dormidos?

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