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DEBAJO DE LA HIGUERA

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"-¿De dónde me conoces? -le preguntó Natanael. -Antes de que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto” (Juan 1:48, NVI).

No sé si alguna vez te sentaste debajo de una higuera. Unas tías bisabuelas tenían una muy frondosa en su patio y recuerdo que algunas tardes de verano me sentaba en sus largas ramas que casi tocaban el suelo. Era el lugar perfecto para esconderse del sol.

Aparentemente, a Natanael también le gustaban, porque eligió una higuera para sentarse a orar y evaluar si el Jesús que había conocido era realmente el Mesías. Ese era su lugar habitual de oración con Felipe. (¡Qué hermoso que dos amigos compartieran algo así!)

Te recomiendo que leas el capítulo 14 de El Deseado de todas las gentes, titulado "Hemos hallado al Mesías", para conocer más detalles de esta historia que aparece solo en este evangelio.

Natanael no había quedado muy convencido con Jesús. Había quedado un poco desilusionado por su apariencia, aunque el mensaje había tenido tanto poder, que no podía rechazarlo por completo. Así que había optado por orar y meditar sobre las profecías.

Cuando Felipe lo invitó, quiso creer y lo vio como una señal, pero cuando se enteró de que Jesús venía de Nazaret, nuevamente sus prejuicios lo hicieron dudar. Sin embargo, Felipe lo hizo ir con él para ver a Jesús. Sabía que este encuentro terminaría de convencer a su amigo. Y, efectivamente, así sucedió.

Podemos extraer varias lecciones de esta historia, y es porque muchas veces pasamos por situaciones parecidas a las de Natanael.

A veces dudamos de la existencia o la naturaleza de Jesús. A veces vemos que las multitudes siguen algunas cosas que a nosotros no terminan de convencernos. A veces necesitamos que alguien nos incentive a tener un encuentro con él.

Es importante que, así como lo hizo Natanael, busquemos a Jesús personalmente. Pero también es importante dejar de lado nuestros prejuicios y conocer a Jesús como realmente es.

Quizá sabemos cosas acerca de él, pero es importante conocerlo a él.

Intenta buscar un lugar tranquilo para orar y meditar. Y ojalá, al encontrarte con él, también pueda decir que ya te conoce.

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