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LA MESA DE LA ABUNDANCIA

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“Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?” (2 Sam. 9:1).

¿Alguna vez te persiguieron por años y tuviste que andar escondiéndote para proteger tu vida? O, quizá menos trágico, ¿alguna vez tuviste un enemigo constante que te hiciera la vida imposible? David tuvo que enfrentarse a ambas situaciones por causa de Saúl, pero eso no le impidió formar una hermosa amistad con su hijo Jonatán y honrar siempre al escogido de Dios, pasara lo que pasara.

Su fidelidad al primer trono de Israel se vio hasta el fin y, una vez que Saúl y Jonatán murieron en la batalla contra los filisteos, David no olvido su amor por su mejor amigo.

Ahora que su reino estaba más establecido, buscó la forma de hacer honor al pacto que había hecho con Jonatán de que, cuando tuviese descanso de sus enemigos, manifestaría bondad hacia la casa de Saúl. ¡Qué actitud increíble de perdón, lealtad y amor incondicional!

Podía aprovechar esta situación para vengarse, pero cumplió su promesa y averiguó si quedaba algún descendiente.

Mefi-boset, hijo de Jonatán, era lisiado. Había quedado así por una caída que sufrió en manos de su nodriza cuando intentaban escapar de la derrota de los filisteos. Al enterarse de su existencia, David lo mandó traer.

"Los informes propalados por los enemigos de David habían creado en Mefi-boset fuertes prejuicios contra él y lo consideraba usurpador, pero la recepción generosa y cortés del monarca y sus bondades continuas ganaron el corazón del joven; se hizo muy amigo de David, y, como su padre Jonatán, se convenció de que tenía los mismos intereses que el rey escogido por Dios" (Patriarcas y profetas, p. 771).

Mefi-boset se sentó todos los días a la mesa de David para comer y además recibió las tierras que se le habían quitado. Así como David había sido fiel a Saúl y Jonatán, ahora Mefi-boset sería fiel a David.

Es importante, en cada aspecto de nuestra vida, revisar las motivaciones por las que hacemos diferentes cosas. Muchas veces nuestras actitudes nacen a partir del miedo, de la necesidad, del egoísmo, del orgullo, etc. Pero cuando nuestra motivación para actuar es el amor, las cosas pueden ser muy diferentes. Damos a partir de la abundancia. En Dios encontramos la fuente de amor inagotable y la sabiduría para actuar a partir de allí.

Pídele a Dios que te muestre que puedes hacer para demostrar ese amor y lealtad a él.

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