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DIOS BENDICE A...

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"Cierto día, al ver que las multitudes se reunían, Jesús subió a la ladera de la montaña y se sentó. Sus discípulos se juntaron a su alrededor y él comenzó a enseñarles” (Mat. 5:1, 2, NTV).

¡Qué día fue aquel! Estaban en la playa, pero llegaba gente no solo de Galilea sino de Judea, de Jerusalén, de Decápolis, de Idumea, de Tiro y Sidón. Todos querían escuchar a Jesús. Veían que estaba rodeado de sus discípulos, pero sabían que a Jesús le gustaba compartir con todos.

Como no entraban todos allí, Jesús los guio hasta la montaña. Allí se sentó y todos hicieron lo mismo. El problema es que tenían expectativas. Tenían la esperanza de que, en esa reunión, Jesús contara un poco más acerca del establecimiento de su reino en la Tierra, evento que todos estaban anhelando.

No olvidemos que este era un pueblo agobiado por el gobierno romano, los impuestos exuberantes y el maltrato por parte de las autoridades tanto políticas como religiosas. Su situación no era fácil y esperaban que Jesús los librara de todo eso.

¿Cómo reaccionaríamos nosotros ante una posible solución tan práctica y drástica a nuestras vidas?

¡Claro que la gente estaba ansiosa por oírlo! Algunos querían salir de su situación de pobreza, otros querían la gloria y la venganza. Había motivaciones válidas y otras no tanto, pero ninguna de ellas se acercaba a la profundidad del mensaje que el Hijo de Dios quería traerles, ni la mayor de las riquezas imaginadas era comparable a las riquezas espirituales que Jesús estaba listo para derramar en abundancia.

¡Qué difícil sería cambiar esta forma de pensar!

Jesús, en vez de retarlos, de decirles que estaban tremendamente equivocados con lo que querían y que no habían entendido nada, les explicó qué era necesario para entrar a ese Reino, "dejándolos sacar sus propias conclusiones en cuanto a su naturaleza. Las verdades que enseñó no son menos importantes para nosotros que para la multitud que lo seguía” (El Deseado de todas las gentes, p. 266).

Te propongo que con total sinceridad y humildad, escribas en una hoja cuáles son tus expectativas al acercarte a Dios cada día y le pidas que te ayude a empezar a aprender mejor los fundamentos de su Reino.

Cada sábado estudiaremos más detenidamente las bendiciones que él quiere dar a grupos específicos de personas. Cada sábado, Dios quiere bendecirnos de forma especial.

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