Regresar

EL AGUA VIVA

Play/Pause Stop
“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10).

Todo lo que la tierra pueda proveer no es suficiente para llenar el corazón del hombre. Pero las bendiciones que Cristo provee no solamente llenan el corazón, sino que son demasiado grandes para que puedan ser contenidas por ningún corazón" (Comentario Bíblico de William MacDonald, p. 665).

Como en un partido de ping-pong, Jesús y la mujer samaritana intercambiaron frases en un breve, pero totalmente impactante diálogo. Te invito a seguir esta historia sin perder detalle. Estaban rompiendo todos los esquemas de la sociedad y estaban por romper muchos más.

Jesús dio el toque final con su declaración: "Yo soy, el que habla contigo", declarándose como el Mesías ante una mujer que tenía el terreno de su corazón fértil para recibir el agua de vida.

Esa séptima intervención de parte de él quedó sin respuesta de parte de ella. Ya estaba todo dicho. Él había ganado la partida, sin humillar o avergonzar, sino aclarando y redimiendo. La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad e invitó a los hombres a ir a Jesús.

Tuvo que reconocer su pecado, aunque no sabemos a ciencia cierta cuál fue la naturaleza de sus relaciones anteriores. Lo que sabemos es que esperaba al Mesías y no dejó que sus preconceptos la privaran de la salvación que estaba llegando ese día a su vida.

J. Hudson Taylor dijo: "Algunos tienen celo por ser sucesores de los Apóstoles; yo más bien querría ser un sucesor de la mujer samaritana que, mientras ellos se ocupaban de la comida, se olvidó de su cántaro en su celo por las almas” (ibíd., p. 666).

Cada vez que a Jesús: "le era necesario" hacer algo, había un propósito de salvación detrás.

Ese aparente desvío en el camino fue sinónimo de salvación para un pueblo que estaba dispuesto a recibirlo, a diferencia de los judíos

Durante dos días, los habitantes de Sicar gozaron de la presencia de Jesús y los discípulos entendieron un poco mejor la naturaleza de la misión en que se habían embarcado

"El Salvador. continúa realizando hoy la misma obra que cuando ofreció el agua de vida a la mujer samaritana. (...) A toda alma, por pecaminosa que sea, Jesús dice: Si me pidieras, yo te daría el agua de vida” (El Deseado de todas las gentes, p. 165).

Matutina para Android