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¿DÓNDE ESTABAS TÚ?

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"¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia” (Job 38:4).

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. [...] Porque él dijo, y fue hecho; el 1 mandó, y existió” (Sal. 33:6, 9).

La Biblia, que comienza con el relato de la creación, nos habla de un Dios Creador en más de una ocasión. En este debate magistral con Job, para el que hubo muy poca respuesta en realidad, Dios habla una y otra vez de los comienzos, de los orígenes y de cómo todo fue hecho por él.

En los últimos años, el creacionismo ha sido puesto en tela de juicio y, lamentablemente, no solo fuera de la iglesia o por personas no creyentes, sino por los mismos profesos y lectores de la Biblia.

Así como para creer en las diferentes teorías que explican los comienzos del universo, para la teoría del creacionismo es necesaria la fe.

Adán mismo tuvo que tener fe en que Dios había creado todo lo que rodeaba su hogar en el jardín del Edén.

En Génesis, se "expone con claridad el origen de la raza humana; y el relato divino está tan claramente narrado que no da lugar a conclusiones erróneas. Dios creó al hombre a su propia imagen. En esto no hay misterio. No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas más bajas de la vida animal o vegetal. Tales enseñanzas rebajan la obra sublime del Creador al nivel de las mezquinas y terrenales concepciones humanas. Los hombres están tan resueltos a excluir a Dios de la soberanía del universo que rebajan al hombre y le privan de la dignidad de su origen" (Patriarcas y profetas, P. 25). ¡Qué declaración! ¿Acaso no será que nosotros también a veces queremos excluir a Dios de su soberanía?

Numerosos artículos de rigor científico han sido publicados por cristianos y no cristianos para dar validez a algo que, en realidad, no necesita mayor defensa que la fe. Estas publicaciones están disponibles hoy en papel, de forma digital, por audiovisuales, series, películas y documentales que hablan una y otra vez, con evidencia irrefutable, acerca de un diseño inteligente proveniente nada más y nada menos que de nuestro Creador.

"Aunque Adán fue formado del polvo, era el 'hijo de Dios’” (ibíd.). Tú y yo también somos hijos de Dios y hoy tenemos el privilegio de predicar sobre su soberanía en el comienzo y hasta el final.

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