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LOS DOS SENTIDOS DE GENNET

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"¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen? ¿Acaso no recuerdan?” (Mar. 8:18, NVI).

Para que Gennet Corcuera se entere de que la hemos mencionado en este libro, alguien tendría que escribirle la noticia con los dedos en las palmas de la mano. Gennet es la primera europea sordociega en obtener un título universitario. Además de la vista y el oído, le falta el sentido del olfato. Sin embargo, ha aprendido a atravesar la oscuridad y el silencio y a comunicarse de forma satisfactoria. No solo eso; se ha convertido en una exitosa profesional que además protagonizó la película de su propia vida.

Por una infección cuando tenía dos años, perdió estos sentidos. Pero incluso antes de eso ya había sido abandonada por sus padres en un orfanato en Etiopía, debido a la guerra, el hambre y la miseria que se vivían en ese momento.

Gennet fue adoptada por Carmen Corcuera cuando tenía siete años, se mudó a España, aprendió la lengua de signos apoyada y estudió Educación Especial.

Aprender esta lengua y a manejarse en las cosas simples de la cotidianidad requirieron muchísimo esfuerzo y paciencia de su parte. Estuvo a punto de rendirse varias veces, cansada de intentarlo y llena de angustia. Pero su madre nunca la dejó darse por vencida, y gracias a eso llegó hasta el lugar donde está hoy.

En una entrevista con La Voz de Galicia, un periódico español, ella dice: "Estoy convencida de que podemos cambiar el mundo y, para ello, tenemos que luchar, no solo por las personas con discapacidad, sino también por las que no la tienen”.

Además de su increíble ejemplo de vida y autosuperación, Gennet nos recuerda que, a nuestro alrededor, hay muchas personas que necesitan ayuda. Y además nos recuerda que no solo las personas que carecen de estos sentidos necesitan ayuda.

Jesús una vez reprendió a los discípulos porque, a pesar de que tenían sus cinco sentidos, actuaban como si no supiesen qué pasaba a su alrededor. Dudaban de su poder, aunque lo tenían al lado y tenían costumbres de los fariseos y su "levadura”: la hipocresía, los rituales sin sentido, la pretensión de rectitud, el fanatismo, etc.

¿Qué estamos haciendo con los sentidos que nos funcionan? ¿Acaso estamos dando gloria a Dios con ellos o a veces demostramos tener necesidad a pesar de lo que tenemos?

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