Regresar

EL HIJO DEL CARPINTERO

Play/Pause Stop
“Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue” (Luc. 4:30).

Participé en varios clubes de conquistadores a lo largo de mi vida. En uno de ellos, vimos con dolor cómo muchos de los líderes más jóvenes se apartaban de la iglesia. Pero dos años después, uno de ellos volvió.

Fue muy difícil para los líderes de ese momento creer en su palabra y pasar por alto su apostasía, aunque él estaba realmente arrepentido y quería trabajar. Había experimentado un verdadero reavivamiento. Con el tiempo, demostró ser sincero en su entrega y fue restablecido a su antiguo cargo como consejero. Recuerdo que, de todas formas, muchos seguían burlándose de él, criticándolo por sus errores pasados y hasta le habían puesto algunos apodos. Pero él agachaba la cabeza y trabajaba fielmente. Finalmente se sumó a trabajar con mucho esmero en el área de capellanía y, poco a poco, los demás fueron viendo su sinceridad.

El caso de Jesús fue diferente. Él no había cometido pecados. Sin embargo, al reencontrarse con la gente que lo había visto nacer y crecer, vio que estaban listos para todo menos para aceptarlo como el cumplimiento de la profecía.

Al comienzo de su ministerio, visitó la sinagoga de su niñez para predicar. Pero los concurrentes, que se jactaban de cumplir la ley, al oír el juicio de Jesús dirigido a ellos, no tuvieron problema en desear y buscar su muerte.

Lo triste de este primer encuentro es que Jesús tuvo que irse para salvar su vida.

Al final de su ministerio, Jesús volvió a Nazaret. Ahora ya eran conocidas todas sus obras en los alrededores. ¡Había hasta pueblos enteros, muy cerca de ellos, donde ya no había ni una queja de enfermedad porque Jesús había pasado por allí! Pero por su incredulidad, Jesús no pudo hacer mucho entre ellos.

"Nuestra situación delante de Dios no depende de la cantidad de luz que hemos recibido, sino del uso que hacemos de la que tenemos. Así, aun los paganos que eligen lo recto en la medida en que lo pueden distinguir están en una condición más favorable que quienes tienen gran luz, y profesan servir a Dios, pero desprecian la luz y por su vida diaria contradicen su profesión de fe” (El Deseado de todas las gentes, p. 206).

Ojalá hoy usemos sabiamente la luz que hemos recibido y estemos listos para dar oportunidad a la obra del Espíritu Santo, sin prejuicios ni orgullo.

Matutina para Android