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¿NO VAS A PROCLAMARLO?

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"De todo esto has tenido noticia, ¿y no vas a proclamarlo?” (Isa. 48:6, NVI).

Cuando hay un juicio, el informe oral de un testigo es muy valioso. La Real Academia Española, en su Diccionario del español jurídico, define al testigo como una “persona, distinta de las partes, que no se halle permanentemente privada de razón o del uso de sentidos respecto de hechos sobre los que únicamente pueda tener conocimiento por medio de los mismos” hechos, aunque no siempre el testigo es llamado a hablar sobre los hechos en cuestión. Un abogado puede cuestionar la credibilidad del testigo y la fiabilidad y veracidad de su testimonio.

Los testigos de Jesús no siempre fueron llevados a juicio para responder por su testimonio (aunque varios sí y tuvieron que hacerle frente a terribles consecuencias, incluso la muerte). Simplemente se creía lo que decían y la popularidad de Jesús aumentaba, en parte, por la transmisión oral de los hechos vistos por diferentes personas.

No sé si alguna vez tuviste que participar en un juicio como testigo. Pero en la Biblia Dios nos llama testigos. "Ustedes son mis testigos -afirma el Señor-, son mis siervos escogidos, para que me conozcan y crean en mí, y entiendan que yo soy” (Isa. 43:10, NVI).

No sé si al evaluarte, tu credibilidad y la fiabilidad y veracidad de tu testimonio serían irreprochables. El peso de tu testimonio probablemente dependería en gran parte de eso. ¿Crees que otros creerían tu testimonio? ¿Qué pruebas podrías dar de que es cierto?

Podemos ser testigos presenciales, que estuvimos en el momento y en el lugar de los hechos; o testigos referenciales, que obtuvimos la información indirectamente. Podemos ofrecer nuestro testimonio de forma voluntaria o se nos puede citar a declarar.

Al ser cristianos, estamos en papel de testigos automáticamente, o por lo menos tenemos el llamado a serlo. El problema es que, muchas veces, pareciera que actuamos como si fuéramos testigos meramente referenciales.

Preguntémonos hoy si hemos experimentado un encuentro con Jesús que nos permite contar un testimonio directo, o si solo estamos hablando de un Jesús del que hemos oído.

Preguntémonos si nuestro testimonio solo se oye cuando nos citan, o si voluntariamente narramos los hechos que han cambiado nuestra vida.

Sabemos muchas cosas que damos por sentadas, y hay gente que está desesperada por conocerlas; ¿no vamos a proclamarlo?

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