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EL CUADRO DE MEL

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"Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20, NVI).

Un viernes de tarde, una de mis mejores amigas, que es pintora, golpeó la puerta de mi casa y me entregó un enorme paquete que delataba envolver uno de sus cuadros. Lo primero que vino a mi mente fue que no merecía ese regalo. A pedido de ella, prometí abrirlo en un momento en que estuviese tranquila y cumplí. (Al fin y al cabo, ¿cuántas veces viene un artista a tu casa para regalarte su obra?)

Antes de abrirlo, había una carta que tenía que leer. En ella me recordaba algunos de los momentos de angustia, dolor e incertidumbre que habíamos pasado. Lo que nos unía era que, en esos momentos, habíamos elegido andar por el mismo camino y, al llegar al final, habíamos visto una respuesta similar de parte de Dios. En el cuadro se reflejaba todo el conjunto de emociones que nos habían acompañado.

Lo observé un rato e interpreté qué significaba cada trazo y cada color, y luego mi análisis concluyó. Cuando nos vimos nuevamente, ella tomó el cuadro y me dijo que quería explicarme algunos detalles. ¡Mi análisis había sido demasiado simple!

Me explicó el porqué de los colores, la representación de las lágrimas, del sol, de la oscuridad y la tormenta. Creí que hasta ahí había entendido, pero dirigió mi atención a un detalle que no había percibido.

"Caro, desde el costado sale una línea fina blanca que atraviesa todo el cuadro. Eso representa la constante presencia de Dios. Hay veces en que Dios se manifiesta como hizo ese día, con un sol que sale en medio de la tormenta, pero no siempre sus manifestaciones son tan notorias. Lo importante es recordar que siempre está: desde el principio, hasta el final”.

Ese día me senté en el piso de su casa para mirar cómo pintaba. En medio de los detalles y la explosión de colores que agregaba entre pinceles, agua y bastidores, conversó conmigo, me explicó qué iba haciendo y qué esperaba lograr. Me hizo pensar tanto en Dios...

Te invito a leer nuevamente esta historia, pero ahora colócate en mi lugar y léelo pensando que tu amigo artista es Dios.

¿Ya te sentaste a conversar con él? Hoy también llama a tu puerta. ¿Le abrirás?

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