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UNA IGLESIA UNIDA

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"Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común” (Hech. 2:44, NVI).

Hace unos años, en los Estados Unidos conocí a un hombre que estaba sufriendo por un cáncer terminal.

A pesar de los estragos que estaba causando en su cuerpo y de lo debilitado que estaba, lo vi sonreír como he visto sonreír a pocos, cantar con alegría, dirigir el momento de adoración con su guitarra, compartir momentos de testimonio y dar fe del amor y el cuidado de Dios a pesar de todo.

Había optado por un tratamiento natural que le había dado buenos resultados y prolongado bastante la expectativa de vida.

Pero más allá de discutir acerca de tratamientos, lo que llamó poderosamente mi atención fue lo que había sucedido en la iglesia a la que este hombre asistía.

Como muchas veces dejan a sus familias en sus países de origen, allá es común que la iglesia realmente sea una familia para los inmigrantes, de forma mucho más literal que en otros lugares. Y, como familia, esta iglesia había decidido acompañar a este hombre en su tratamiento.

El sábado que estuve allí me quedé a un almuerzo que habían organizado, y mi sorpresa fue enorme al ver que absolutamente todos los miembros habían adaptado su dieta y menú para seguir los mismos pasos que su hermano en la fe. El régimen alimenticio que adoptamos tiene muchísima influencia no solo en nuestra vida física, sino en nuestra vida espiritual. No es noticia que el enemigo se haya ensañado mucho para pervertir nuestro paladar y hacernos cada vez más esclavos de nuestro apetito.

Por eso, ver la conducta tan decidida y unida de esta iglesia fue un ejemplo tan impactante. Me pregunté si nosotros estaríamos dispuestos a hacer algo así por los hermanos de nuestra iglesia.

¿Somos realmente tan unidos? ¿Nos preocupamos por ser una familia que se acompaña en las buenas y en las malas?

Este hombre soñaba con organizar un programa de escuela sabática destinado a los jóvenes, pero que involucrara a todos los miembros, a pesar de las diferencias de edad.

"Prefiero morir trabajando para Dios que quedarme quieto y dejarme estar", dijo unos meses antes de descansar.

¿Y nosotros? ¿No será que muchas veces preferimos vivir sin hacer algo para él? ¿Vivimos realmente en unidad?

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