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LOS VERDADEROS HERMANOS DE JESÚS

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“Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” (Mat. 12:48).

¡Cuán avergonzados estaban! Se enteraron de que pasaba noches orando, que se rodeaba de todo tipo de personas, que ni siquiera dedicaba tiempo a comer, que se oponía a los fariseos y que su razón era puesta en duda. No, definitivamente ellos no querían que se los relacionara con este joven que era su hermano.

"Al rechazar a Cristo, el pueblo judío cometió el pecado imperdonable; y por desoír la invitación de la misericordia podemos cometer el mismo error. Insultamos al Príncipe de la vida, y lo avergonzamos delante de la sinagoga de Satanás y ante el universo celestial cuando nos negamos a escuchar a sus mensajeros comisionados, y escuchando en su lugar a los agentes de Satanás que quisieran apartar de Cristo nuestra alma. Siempre que uno haga esto no puede hallar esperanza o perdón, y finalmente perderá todo deseo de reconciliarse con Dios” (El Deseado de todas las gentes, p. 292).

En eso estaba el pueblo, y en eso podemos estar nosotros, cuando Jesús se enteró de que habían venido a verle sus hermanos y su madre.

Lamentablemente, el espíritu que los movía a buscarlo no era el adecuado, y Jesús lo sabía. ¡Cuánto dolor implica hablar con alguien que siente vergüenza de nosotros!

Jesús demostró que el vínculo que verdaderamente lo une con una persona no es uno de parentesco terrenal, sino el que nace de la fe y la aceptación del Padre celestial.

¡Qué triste ver que su familia, que podría haberlo apoyado muchísimo, se avergonzara de él y quisiera hacerlo desistir de su misión! ... ¿Cómo son las cosas en tu casa? ¿Hay alguien que se siente avergonzado de ti por tu relación estrecha con Dios?

Jesús animó a quienes se sintieran incomprendidos en su propio hogar a consolarse en la idea de que él también pasó por eso.

Había una ley en Israel que demandaba que, cuando un hebreo se viera obligado a separarse de sus pertenencias y fuera vendido como esclavo, su pariente más cercano lo redimiera. Jesús también cumple esa obra benéfica de redimirnos como nuestro pariente cercano.

Después de todo, al hacerse hombre, se convirtió en nuestro hermano. ¿Qué puedes hacer hoy para honrarlo, para mostrar que no te avergüenza su vida y sacrificio, y que te alegra tenerlo como hermano mayor?

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