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LA BENDICIÓN DE LA MAYORDOMÍA

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"Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado" (Isa. 32:8).

Hay pocas cosas tan descuidadas, mal comprendidas y menos aprovechadas que la mayordomía. Solemos asociarla y limitarla al dinero y, sin darnos cuenta, nos privamos de tantas bendiciones que trae aparejadas.

Una de las primeras tareas encargadas a Adán, y un deber que traemos al nacer, fue la de ser mayordomo de los bienes que el Señor había puesto en sus manos.

La palabra mayordomo viene del latín maior, el más importante, y domus, casa. Es decir, el más importante de la casa. Obviamente, se refiere a la servidumbre, no al dueño de casa, pero es el que lo sigue en jerarquía; es aquel en quien se deposita la confianza y a quien se le delegan las responsabilidades.

Quizás escuchaste hablar de las 4 T de la mayordomía cristiana: Templo, Talentos, Tesoros y Tiempo. Sin embargo, el concepto de mayordomía que adoptó la iglesia en la actualidad es mucho más amplio y pasó a representarse con el siguiente lema: "Todo de mí en respuesta al todo de Dios".

Puede servirte recordar estas 4 T como una suma que dan el total “Todo" que ahora se utiliza.

En los Seminarios de Enriquecimiento Espiritual se planteó el estudio de este tema de forma más profunda y puedes buscar tanto este material como el libro Consejos sobre mayordomía cristiana, de Elena de White, para guiarte y aprender más.

Te propongo dedicar algunos de los próximos sábados a estudiar más este importante tema, con ilustraciones, citas y ejemplos cotidianos para que puedas descubrir, o recordar, los tesoros y las bendiciones que Dios tiene preparados para sus mayordomos fieles, en todas las áreas de sus vidas.

“Para que el hombre no perdiese los preciosos frutos de la práctica de la beneficencia, nuestro Redentor concibió el plan de hacerlo su colaborador. Dios habría podido salvar a los pecadores sin la colaboración del hombre; pero sabía que el hombre no podría ser feliz sin desempeñar una parte en esta gran obra” (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 15).

¡Qué hermoso pensamiento! Dios quiere que seamos felices y que participes.

Hoy puede poner en nosotros el deseo de ser generosos que piensen generosidades. Si se lo pedimos, él nos lo dará.

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